domingo, 24 de enero de 2016

El monje de Lewis y El monje de Buñuel. Estudio comparativo

Publicado el 19 diciembre, 2011 por Antonio Tausiet


El británico Matthew G. Lewis publicó su novela El monje en 1796, con el siglo XIX casi a punto de comenzar. El cambio de centuria fue, precisamente, el marco en el que aparecieron las llamadas novelas góticas, obras literarias del romanticismo en las que se introdujo el terror y lo sobrenatural en ambientes inspirados en la Edad Media.
El hecho de que la novela trate ambientes de corrupción católicos y se sitúe en España viene dado por la corriente religiosa antipapista, predominante en la Inglaterra anglicana, y por la antigua rivalidad entre las potencias española y británica. Pese a que encierra párrafos muy inspirados, relativos a cuestiones de conciencia, y momentos de alto voltaje erótico y truculento, en conjunto se trata de un texto de dudosa calidad. Sin embargo, su carácter extremo le hizo atractivo a ojos del movimiento surrealista, que adoraba la literatura romántica por el modo en que presentaba liberadas las pasiones. Otro ejemplo fue Cumbres borrascosas (1847), que fue convertido por Luis Buñuel en el filme mexicano Abismos de pasión (1953).
Lewis se inspira en la vida de un eremita llamado Barsica, que a su vejez es seducido por una joven, y tras asesinarla se entrega al demonio. Otro antecedente literario es Claves de la corrupción moral de la Iglesia católica (1724), publicado en inglés por el sacerdote zaragozano Antonio Gavín, donde se narran las desviaciones del clero español.
Buñuel redactó en 1965 un guión basado en El monje, con la ayuda de su colaborador Jean-Claude Carrière, pero el filme no pudo realizarse por falta de fondos, tras una disputa entre Serge Silberman y su coproductor en octubre de ese mismo año, a punto de iniciarse el rodaje. Los papeles principales habrían sido interpretados por Paco Rabal, tras barajarse los nombres de Gérard Philipe, Alain Delon y Omar Sharif (el monje Ambrosio), Jeanne Moreau sustituyendo a Claudia Cardinale (Mathilde), Peter O’Toole (el duque) y Michel Piccoli (el inquisidor).
En 1972, el griego Ado Kyrou dirigió su versión, basada en el guión de Buñuel y Carrière, con algunas diferencias reseñables. Se trata de una producción italo-franco-alemana, rodada en inglés. El actor que interpreta al monje es Franco Nero, y Mathilde está encarnada por Nathalie Delon. A excepción de algunos momentos pasajeros y de la actuación de Nicol Williamson (Hamlet en un film de 1969), que da vida al duque, la película es muy mala.
La historia gira en torno al monje prior de un monasterio, que pasa de ser extremadamente piadoso a caer en la lujuria y el asesinato, empujado por una joven misteriosa. Hagamos un repaso por su trama, revelando las notables divergencias entre el tratamiento por parte de su autor original y el de Buñuel.

Todo comienza en un monasterio de Madrid, en cuya iglesia abarrotada el abad Ambrosio (El monje), con fama de santo, se dispone a dar un sermón. Allí entran la vieja Leonela y su bella sobrina quinceañera, Antonia, procedentes de Murcia. Unos nobles (Lorenzo de Medina y Cristóbal, conde de Ossorio) les hacen hueco en su banco para que se sienten. Lorenzo se fija en la joven. Antonia se siente conmovida con el sermón, en el que Ambrosio hace una encendida defensa de la castidad.
En el guión se presentan ya varios cambios de nombres y de caracterizaciones, aparte de omitir el nombre de la ciudad. La tía de Antonia, Leonela, desaparece para unificar su papel con el de Elvira, la madre de la joven. Cristóbal pasa de conde a secretario de Lorenzo (aquí duque de Talamur); y lo más significativo, se le llama Donatien, nombre de pila del Marqués de Sade, uno de los escritores favoritos del realizador aragonés, que aparece por primera vez en la historia del cine precisamente en una película de Buñuel, La Edad de Oro (1930). El duque de Talamur acaricia a una niña a la que se identifica como Juliette, apelativo de la heroína de Sade, hermana libertina de Justine.
La novela incluirá una subtrama -obviada completamente en el guión- en la que se relatarán historias relacionadas con el bondadoso Lorenzo de Medina, que hacen al duque un personaje completamente distinto. Así, el duque de Talamur será una creación original, remedo de Gilles de Rais (cruel protagonista de Là-bas, guión anterior tampoco llevado al cine por Buñuel).  
Se aprovecha también para introducir el pasaje bíblico de los mercaderes del templo, cuando uno de los monjes del convento expulsa de la iglesia a un vendedor a bastonazos. La película de Kyrou no incluye este episodio.
Buñuel y Carrière introducen numerosos párrafos en latín, que no existen en el texto de la novela; y el sermón de Ambrosio, completamente original, es fruto de los profundos conocimientos católicos del director.
En la novela, Lorenzo se acerca al monasterio y dormido contempla en sueños la lucha sobre el altar entre Antonia y un monstruo disfrazado de monje. Lorenzo descubre que su hermana Inés, monja en el convento contiguo al monasterio, tiene relaciones con su amigo el marqués Raimundo de las Cisternas. Al confesarse Inés con Ambrosio, éste descubre una carta en la que Raimundo le comunica a la monja que al día siguiente está preparada su fuga. Ambrosio delata a Inés ante la madre superiora del convento e Inés maldice a Ambrosio.
Ambrosio tiene un joven monje novicio protegido, de carácter muy sensible (Rosario en la novela, Jean en el guión). Jean confiesa a Ambrosio que es realmente una mujer llamada Matilda (Mathilde) y que le ama. Ambrosio le ordena marcharse del convento al día siguiente, pero ella se rasga el hábito amenazando quitarse la vida. Ambrosio accede a que se quede. Una serpiente venenosa  pica a Ambrosio, que cura milagrosamente. Mathilde toca el arpa para Ambrosio. Mathilde revela su cara a Ambrosio, que es igual que el retrato que tiene Ambrosio de la Virgen. Ambrosio le concede tres días antes de que se vaya. Mathilde cae gravemente enferma al haber ingerido supuestamente un veneno. Pide a Ambrosio que se acueste con él para salvarse. Ambrosio cae en la tentación.
Todos estos avatares se resumen en el guión, omitiendo ambos envenenamientos, con un encuentro entre Ambrosio y Mathilde en la celda del primero, en el que Ambrosio hiere en la cabeza a la joven con el tablón que le sirve de almohada. Mientras que en la novela se nos han dado claros indicios del carácter demoníaco de Mathilde, en el guión nada de eso ha surgido aún.
Kyrou introduce aquí una escena que no está en el guión, en la que Ambrosio descubre la carta de amor de una monja, que es expulsada del convento y será juzgada por la inquisición. La monja maldice a Ambrosio. Es un resumen de los acontecimientos de la subtrama sobre Inés, para reflejar la maldición que ésta le lanza a Ambrosio.
Volviendo a la novela, Raimundo, en su palacio, da explicaciones a Lorenzo acerca del idilio con su hermana. En ellas relata las historias de la monja sangrienta y del judío errante. Lorenzo comprende a Raimundo y le ayuda a casarse con Inés.
Lorenzo visita a Elvira, la madre de Antonia. Elvira considera que lo mejor para Antonia es que no vuelva a ver a Lorenzo, al ser de distinta clase social. Lorenzo es informado de que su hermana ha muerto en el convento, pero Raimundo no se lo cree. Lorenzo planea contar a su importante tío que quiere a Antonia, para que dé su beneplácito.

Mathilde pide a Ambrosio la llave mediante la que se accede a la cripta del cementerio del convento contiguo. Allí, la madre superiora tiene encerrada a Inés. Mathilde ha pasado de ser un joven sumiso a una mujer dominante, y recomienda a Ambrosio que no interceda por Inés. Mathilde desciende a la cripta, desde cuya puerta Ambrosio percibe terremotos y resplandores.
Mientras tanto, en el guión, se suceden varias escenas de la vida cotidiana en el monasterio una vez que Ambrosio y Mathilde están juntos. Ambrosio, consagrando ante el altar, ve cómo se convierte en paloma la hostia con la que iba a comulgar, evitando así Dios que se cometiera una profanación, al estar él en pecado mortal. Ambrosio practica el ritual Oremus pro horto en el jardín, consistente en una curiosa coreografía con los monjes en círculo. Ambrosio y Mathilde se abrazan en el campanario –lugar pasional buñuelianoÉl (1953) y Tristana(1970)-. Ambrosio dice misa asistido por Mathilde. Ambrosio y Mathilde tienen una cita en los sótanos del convento.
Novela y guión vuelven a confluir: Ambrosio va por las calles a visitar enfermos. El guión introduce un encuentro del monje con el duque de Talamur y Donatien. El duque le dice que si encuentra a alguna huerfanita se la envíe a su castillo para protegerla. Ambrosio va a casa de Elvira y su hija Antonia. Elvira está enferma. Ambrosio queda prendado de Antonia. En la novela,  Ambrosio conoce a Antonia en el confesionario y así es como va luego a visitar a su madre.
En el guión, Mathilde es llamada a acudir al castillo, donde ella y el duque visitan a una niña encerrada en las mazmorras. Luego un cordero bala lastimero y Mathilde come con el duque el guiso de la niña en un ambiente surrealista y malsano. Es la primera vez que sabemos que Mathilde tiene relación con ritos prohibidos.
Guión y novela coinciden de nuevo. Ambrosio va a casa de Elvira todos los días para poder ver a Antonia. Antonia lee una Biblia censurada por su madre (en el guión, la joven toca el laúd en vez de leer la Biblia). Elvira sorprende a Ambrosio forzando a Antonia, pero finge no darse cuenta.
Ambrosio acepta la ayuda de Mathilde, que le cuenta que tiene tratos con el diablo y posee un espejo mágico donde se ve a quien se desea. Ambrosio ve a Antonia desnuda. Mathilde lleva a Ambrosio a la cripta, donde conjura al diablo, que es su servidor. Consigue de él una rama de mirto de plata mediante el que Ambrosio podrá dormir a Antonia y violarla.
En la subtrama ignorada por el guión, Raimundo está cada día más enfermo, ante la ausencia de Inés. Un sirviente de Raimundo, Theodore, se acerca al convento disfrazado de mendigo hambriento y se gana la confianza de las monjas. Una de ellas le entrega en secreto una carta para Raimundo, donde le asegura que se han cometido crímenes contra Inés.
Ambrosio entra en la habitación de Antonia, de madrugada. Elvira ha tenido una pesadilla premonitoria en la que Antonia le pide ayuda y se cae por un precipicio. Este sueño es aprovechado por Buñuel para transformarlo. Ante la imagen dormida de Elvira, aparece la Virgen (obviada por Kyrou). Elvira sueña que Antonia se precipita desde las torres del castillo del duque. Elvira aparece, y el monje la mata ahogándola con la almohada.
En la novela, a Antonia se le aparece el fantasma de su madre, que le dice que se verán en tres días. En el guión, Ambrosio tiene la visión de un buitre que vuela dentro de la iglesia cuando está dando un sermón y le ataca. Es una presencia del demonio. En la versión de Kyrou, el buitre es sustituido por un macho cabrío.
Todo se aleja ya de la novela en el guión: Ambrosio se confiesa a un viejo sacerdote, de “fornicación, brujería y homicidio”. El sacerdote muere de un infarto y Ambrosio huye. Mathilde se refugia en el castillo del duque, ante la desaparición de Ambrosio. Allí se celebra una procesión de doce niñas, que portan símbolos de la pasión de Cristo y representan mujeres del evangelio. Después se produce una escena de crueldad con la madre pobre de una de las niñas, Juliette, la que hemos visto en la iglesia al principio. La convencen de que su hija irá al extranjero (pero será sacrificada).
Ambrosio lleva varios meses de penitente en las montañas. Aparece Mathilde. El vuelo de un buitre anuncia que Ambrosio vuelve a caer en pecado. Kyrou vuelve a sustituir el buitre por el macho cabrío. Mathilde lleva a Ambrosio al castillo.
Donatien secuestra a Antonia y la lleva al castillo. Allí, el duque juega con una niña de ojos vendados a que ésta consiga golpear con un bastón la cabeza de un gallo enterrado vivo. Mathilde y Ambrosio están juntos. Ella le habla de los asfódelos, flores que esconden el alma de los muertos. Mathilde dice oír la de un hombre. En una comida, el duque vierte su copa de vino sobre la niña de antes, enojado al saber que ya tiene once años (nueve según Kyrou). Donatien anuncia que Antonia ya está preparada.
Ambrosio se encuentra con Antonia en el torreón. Cuando está a punto de violarla, la joven se transforma en el cadáver de su madre. Ambrosio le apuñala y luego ve que acaba de matar a Antonia. El cortejo de la inquisición llega al castillo Se escucha una orquesta de cien músicos -como Buñuel deseó que sucediera, sin sonido, en Los olvidados (1950)-. El Gran Inquisidor anuncia al duque que tanto él como Mathilde están acusados de raptar y asesinar niños con fines diabólicos, y los detienen a los dos y a Ambrosio, que trataba de huir.
En la novela, Mathilde aconseja a Ambrosio dar un bebedizo a Antonia que la dejará como muerta dos días, durante los cuales podrá oficiar su funeral y luego tenerla para siempre. Ambrosio suministra la pócima a Antonia, que cae como muerta. Sigue la novela con las vicisitudes de Lorenzo y la acusación a a madre superiora del asesinato de Inés. Lorenzo encuentra una prisionera en un calabozo, que resulta ser Inés. Ambrosio viola a Antonia en la cripta donde yacía, una vez despierta. Tras esta versión gótica de Romeo y Julieta, aparece Mathilde y relata los sucesos del convento: ha sido incendiado y la turba ha matado a la superiora. Los oficiales de la inquisición y Lorenzo se acercan. Ambrosio apuñala a Antonia, que muere en los brazos de Lorenzo, su pretendiente. Ambrosio y Mathilde son detenidos. Raimundo se reencuentra con Inés y se restablece. Inés relata sus vicisitudes. Raimundo e Inés, por un lado, y Lorenzo y Virginia (un personaje nuevo) por otro, acaban juntos y felices. Ambrosio es delatado al pueblo y ahora todos le dan la espalda. Ambrosio es torturado por la inquisición y Mathilde hace un pacto con el diablo para poder salvarse de la hoguera. El monje, después de dudar varias veces, acaba firmando también y el diablo le libera de la prisión. Pero le lleva volando a Sierra Morena, donde le explica que Mathilde era un espíritu maligno a su servicio y que Elvira era su madre y Antonia su hermana. Lo despeña en las rocas y muere tras una lenta agonía. Y así termina la novela.

En la versión de Buñuel, el duque es declarado inocente. Vemos cómo el espejo de Mathilde estalla al depositar una cruz sobre él (detalle tomado de la novela). Kyrou introduce unas escenas en las que se ve a la monja Inés detenida, que reniega de Dios. Luego los inquisidores detallan cómo van a torturar a Ambrosio. Mathilde aparece en la celda y convence a Ambrosio de que firme el pacto con el diablo (en el guión Mathilde no es un espíritu). Ambrosio firma, los inquisidores le liberan, devuelve el ojo al verdugo tuerto y al salir la muchedumbre espera aclamándolo. Plaza de San Pedro, en nuestros días. La muchedumbre aclama la salida del papa al balcón. Es Ambrosio.
El desenlace de la novela la convierte en una fábula moral, con el monje condenado al infierno tras una muerte atroz. El guión, sin embargo, muestra un Ambrosio transformado en máximo representante del catolicismo, en una broma final que lo redime. Buñuel se desembaraza de la historia romántica de Lorenzo e Inés y la sustituye por la truculenta presencia del duque de Talamur, personaje perfectamente sadiano y demoníaco.
Los anteriores religiosos protagonistas de películas de Buñuel, Nazarín (1959) y Simón del desierto(1965) tenían en común su ineficacia, tanto para sí mismos como para el resto de los mortales. Nazarín choca contra la sociedad al querer poner en práctica el Evangelio, y Simón en su retiro sólo consigue soliviantar al pueblo. Ambrosio, al igual que Simón, cede a las tentaciones del diablo, pero el caso del monje es bien distinto: al menos en la Tierra, las cosas acaban bien para él.
Existe también una producción cinematográfica franco-española realizada en 2011 por Dominik Moll, con Vincent Cassel de protagonista, basada en la novela. Todo indica que no pasará a la historia del cine.
Principal bibliografía consultada
El monje. Matthew G. Lewis. Traducción de la novela, a cargo de Francisco Torres. Ed. Valdemar, 1994
El monje. Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière. Traducción del guión, a cargo de José Luis Vigil. Ed. Laertes, 1978
Un guión de Buñuel. Augusto M. Torres. Artículo en el diario El País, 28-2-1979
Jeanne Moreau da vida al monje faustiano que Buñuel nunca pudo filmarNoticia de la Agencia AFP, 26-1-2009

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