domingo, 31 de marzo de 2019

"El cambio ya está aquí. 50 películas para entender la Transición española"


El viernes 8 de febrero de 2019 a las 19.30 se presentó en la librería Antígona de Zaragoza (Pedro Cerbuna, 25) el libro El cambio ya está aquí. 50 películas para entender la Transición española (ed. UOC, 2018). Comparecieron la autora, Ana Asión Suñer, y Fernando Sanz Ferreruela, doctor en Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza.

El volumen ha obtenido el premio a la mejor publicación sobre arte contemporáneo de autor o tema aragonés de la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte. En su web se puede leer una reseña sobre su contenido, escrita por Antonio Tausiet.

Más información sobre el libro, aquí.

El 13 de abril de 2019 a las 19 h, nueva presentación en el Centro de Estudios del Bajo Martín, Híjar (Teruel). Conversará con la autora el investigador Antonio Tausiet.

jueves, 21 de marzo de 2019

Primavera sinovia



He comido fideos chinos recalentados, rebosantes de acrilamida, y un pedazo de pudin ennegrecido, pudin de muerto, con sabor a cadáver exquisito. Estaba solo en la mesa y no he tenido que esperar las oraciones laicas de la foto para las redes. El empeño social en no dejarte empezar a comer hunde sus raíces en oscuros ritos neolíticos, acompasados por el cambio de las estaciones, la invención de los rebaños y el diseño de los campos de cultivo. Un grupo de humanos, pongamos, reunidos en torno a una pieza asada a la que no ha habido que cazar. Falta algo, no sabe a emoción. Uno de ellos lanza un discurso nostálgico de aquellos tiempos pasados, el pasado siempre es mejor, corriendo por el bosque tras el bicho. Los demás no comen, escuchan. Y las palabras previas al yantar se hacen costumbre, y luego tradición. Con la moda de los dioses, la perorata nostálgica deriva en oración de gracias. Ahora que nadie tiene tiempo para religiones porque se adora a ese dios tan lleno de información que está hueco, y todos tenemos siempre un apéndice luminoso en la mano, la foto es la inexcusable ofrenda. Algún despistado es reconvenido por intentar comer antes del clic. Casi he echado de menos el lapso entre ver la comida y poder ingerirla. Los milagros se producen por la intercesión de los santos. Se recuperan objetos o amores perdidos, se producen curaciones imposibles. ¿Quién intercede ante dios o el diablo para las desventuras? Se pierden objetos o amores, se producen enfermedades imposibles. Algún santo o demonio aburrido me ha visto comer sin rendir culto a internet, y me ha castigado con un ataque de dolor sinovial mandibular. He seguido engullendo sin darle importancia, porque cuanta más importancia le das a un dolor, más se crece, orgulloso de su función. Al llegar a casa he visto en un espejo el lado izquierdo de mi cara, deformado, supongo, por la acumulación de la sinovia, ese fluido viscoso que se encuentra en las articulaciones. He dormido una siesta de tres horas, de esas que cuando despiertas necesitas otras tres horas para volver a encontrar un lugar en el mundo. Siento que aún no he digerido la acrilamida y el pudin. El cambio de las estaciones: ya está aquí la primavera.

domingo, 17 de marzo de 2019

Mansedumbre



Una metáfora de la mansedumbre planificada de la ciudadanía occidental. El proceso de montar en un avión. Hace unos años aún se reflexionaba sobre la importancia de mantener la libertad por delante de la seguridad, o al menos intentar equilibrarlas. Ahora ya no.

Descalcémonos, pongamos nuestros cinturones en una palangana gastada, separemos el ordenador del resto del equipaje. Un tubo de pasta de dientes es demasiado grande, no cabe en el avión. Cuidado, ese botellín de agua es peligroso. Espere, que le humillamos aplicándole unos detectores de droga, de explosivos, de algo. Pase por aquí, que el arco ha pitado. Monedas, llaves, objetos metálicos, si es tan amable experimente un mal rato durante un buen rato. Antes ha de guardar una fila interminable en zigzag. Baile surrealista de rebaño internacional.

Nadie se queja. Hay muchos guardias civiles, ese sagrado cuerpo militar. Qué bien hacen su trabajo estos chicos, los entrenan primorosamente. Puede seguir, su foto en el carné coincide con su cara, es el protocolo habitual del reconocimiento facial. Perdone, señor policía nacional, estoy haciendo equilibrios para calzarme de nuevo. Oh, mi equipaje ha sido retirado. Una operaria observa el interior de mi frasco de desodorante. Vuelva a pasar por el arco. Espere. No se apoye ahí. Levante los brazos. Manos fuera de los bolsillos. Qué mal huelen esos chicos. Hay un ruido de fondo que imita al silencio, un murmullo vago de maquinarias escondidas, conversaciones en voz baja, requerimientos administrativos.

Satisfechos, todos recogemos voluntariamente las bandejas, como en las hamburgueserías clónicas. Hemos aprendido a desfilar en la cadena, galeotes del delito potencial, gracias por no golpearme, qué alivio. Usted, sígame un momento, es un control rutinario adicional. Voy a poner buena cara, no sea que crean que me distingo del resto de ovejas.

Hemos tenido una idea. La gente acepta sin rechistar los accesos carcelarios a las puertas de embarque de los aeropuertos: apliquemos también el método a las estaciones de tren. Cámaras de vigilancia, lectores de huellas, sistemas de detección perimetral multisensorial, identificación biométrica, la Biblia en verso.

Un ciudadano crítico, informado, lúcido, comenta que esto de la seguridad en el acceso a los transportes se está convirtiendo en un cachondeo. Agudizo mi oído creyendo que se refiere a la paranoia del pastoreo y la esquila de humanos. No: dice que muchos funcionarios de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado hacen su trabajo de verdugos de la moral con poca profesionalidad. A veces, parece ser, les pasa desapercibido algún líquido, algún objeto metálico, algún detalle con el que podrían haber vejado, por el bien común, a otro pasajero más.

jueves, 7 de marzo de 2019

Jacques Demy: lo cursi y otros ensayos



Jacques Demy (1931-1990) fue un director y guionista de cine francés integrante de la nouvelle vague por edad, pese a que no se interesaba ni por la experimentación ni por la agitación política. Realizó 12 largometrajes, sobre el amor y el destino, de estructura muy correcta. Un buen número de ellos parece querer hacer el Tour de Francia (Nantes, Niza, Cherburgo, Rochefort, París, Marsella).

El desparpajo marca todo su cine, algunas veces para bien, aunque en muchas ocasiones cae en el ridículo. Sus dos primeros largos son buenos ejercicios de estilo, pero con su gran éxito haciendo cantar los diálogos en Los paraguas de Cherburgo inicia una trayectoria irregular marcada por el musical y los cuentos de hadas, colaborando casi siempre con el compositor Michel Legrand. Su esposa fue Agnès Varda, también directora de cine, que realizó tres documentales sobre él.

1961 Lola ****
Nantes. Anouk Aimée es una bella cabaretera que espera a su amante cual Penélope. Cinta graciosa, desenfadada, de historias cruzadas y con cierto poso de tristeza costumbrista. Una joyita.

1963 La bahía de los Ángeles (La baie des Anges) ***
Niza. Jeanne Moreau es una atractiva ludópata que conoce a un joven empleado de banca que se inicia en los casinos. Impecable, aunque las ruletas se hacen pesadas.

1964 Los paraguas de Cherburgo (Les parapluies de Cherbourg) **
Catherine Deneuve vive con su madre. Roland, personaje de Lola (1961), se cruza en sus vidas. Todos los diálogos son cantados y el sonsonete cursi acaba agotando. Película muy famosa.

1967 Las señoritas de Rochefort (Les demoiselles de Rochefort) **
De nuevo Deneuve en un musical, esta vez con baile añadido y estrella invitada: Gene Kelly. Más animada que la anterior, pero igual de ñoña.

1969 Estudio de modelos (Model Shop) **
Lola (Anouk Aimée) ha recalado en Los Ángeles tras su peripecia de 1961. Un estadounidense la encuentra, en un filme pausado con aire de independiente, agradable pero soso.

1970 Piel de asno (Peau d’âne) **
Tercera cinta con Catherine Deneuve, en este caso adaptando el cuento de Perrault. Incluye canciones. Delirante, extravagante y olvidable cien por cien.

1972 El flautista (The Pied Piper) ***
Adapta en la época de la peste El flautista de Hamelín, interpretado por el cantante británico Donovan. Aunque tiene alguna cancioncilla, no es un musical. Película correcta e interesante.

1973 No te puedes fiar ni de la cigüeña (L'événement le plus important depuis que l'homme a marché sur la lune) ***
Catherine Deneuve, en su cuarta colaboración para Demy, tiene como pareja a un hombre que se queda embarazado, Marcello Mastroianni. Apacible comedia muy bien interpretada.

1979 Lady Oscar **
Aburridísima historia de una mujer educada como hombre que sirve en la corte de María Antonieta antes de la revolución francesa. Olvidable.

1982 Una habitación en la ciudad (Une chambre en ville) ***
Nantes, 1955. Durante una huelga metalúrgica, un obrero se enamora de una joven casada, interpretada por Dominique Sanda. Toda cantada, pero entretenida.

1985 Calle P (Parking) **
París. Orfeo es un cantante casado con Eurídice, trasuntos horteras de Lennon y Yoko. Caronte lo lleva a un aparcamiento subterráneo ante Hades y Perséfone. Muy kisch.

1988 Tres entradas para el 26 (Trois places pour le 26) ***
Yves Montand vuelve a actuar en Marsella tras 20 años, con un musical biográfico. Una joven fan consigue coprotagonizar el show y un enredo rocambolesco. Entretenida y sin complejos.

Para saber más sobre la filmografía de Demy y obtener otro punto de vista, nada mejor que leer los cinco extensos comentarios de Santi Lomas en La soledad del tipo del fondo: 1, 2, 3, 4 y 5.
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