lunes, 29 de enero de 2018

Las criptomonedas no son una burbuja



Los medios de comunicación tradicionales están informando desde hace algunos meses negativamente acerca del bitcoin, haciéndose eco de las directrices lanzadas por los gurús económicos a sueldo de las grandes corporaciones, los bancos y los gobiernos. Esta criptomoneda, la primera de una larga lista cuyo número dos es ether, es un token de blockchain. Lo explicaré con detalle. Pero antes hay que dejar claro que todo esto no es una burbuja financiera, ni una estafa piramidal, ni una moda pasajera.

Una base de datos es un conjunto de datos sobre un tema, ordenados para su uso. Las bases de datos compartidas o distribuidas están relacionadas mediante una red de comunicaciones (internet). Cada ordenador de la red tiene almacenados todos los datos. Una modalidad de base de datos compartida es la cadena de bloques (blockchain), que se caracteriza por almacenar datos ordenados en el tiempo y evitar su borrado o modificación. Puede ser usada para almacenar transacciones financieras o para certificar la inalterabilidad de un documento.

En el caso de bitcoin y el resto de las monedas que le siguieron, blockchain actúa como notario de las transacciones de compra y venta. Para que estas transacciones sean confirmadas, es necesario que sean validadas por los ordenadores de la red, en lo que se llama minería. Los creadores de bitcoin programaron su invento para que se generasen nuevas monedas en ese proceso de minado, hasta un tope preconfigurado.

Pero además, blockchain es la plataforma donde se guardan de modo seguro los contratos inteligentes: acuerdos entre varias partes que no pueden ser modificados, y cuyas cláusulas se ejecutan automáticamente al producirse los eventos que contienen. Una de las iniciativas para utilizar blockchain para hacer contratos es Codius, con su propia moneda, ripple. Esta empresa es aliada de los mercados financieros tradicionales.

Pero la más importante de las plataformas de contratos mediante blockchain es Ethereum, con su moneda, el ether. Se trata de un modelo descentralizado de código abierto que ya está siendo empleado para gestionar empresas, cuyos documentos, programas y moneda propia se almacenan en la cadena de bloques de Ethereum.

Así, para conseguir financiación de un proyecto, al margen de los bancos o grandes inversores, una empresa lanza una ICO (Initial Coin Offering, oferta inicial de moneda). La empresa consigue así su propia moneda o token, repartida entre quienes aportan dinero, pagándolo con ether. Si la iniciativa tiene éxito, las monedas virtuales suben de cotización y pueden ser mantenidas o canjeadas de nuevo por ether, que a su vez se puede convertir en dinero tradicional. Un sistema similar al de la salida a bolsa de las grandes empresas, con el valor añadido de que la red es descentralizada.

Todo esto no sería más que una curiosidad si no fuese porque las ICO están financiando ya a cientos de proyectos reales y en marcha. Un ejemplo claro de que bitcoin y las criptomonedas, blockchain y la economía descentralizada han venido para quedarse, independientemente de su actual volatilidad.

Para más información:
La locura de la burbuja y la criptomoneda de Bitcoin. Dura crítica a las criptomonedas desde un punto de vista marxista.
Criptomonedas y anarquismo: una nueva bandera libertaria. Consideración del fenómeno como el movimiento anarquista más importante de la historia.
El futuro de las criptomonedas. Según este analista, modificarán para bien la economía mundial.
Bitcoin, entre el valor refugio y una burbuja a punto de estallar. Opiniones a favor y en contra de las criptomonedas.

Artículos míos anteriores sobre el tema:

miércoles, 24 de enero de 2018

Sidney Lumet: filmografía


Sidney Lumet (1924-2011) es un director de cine estadounidense con 44 largometrajes en su haber. Debutó con una obra maestra incontestable y terminó su larga carrera con otra película magnífica. Se trata de un caso muy claro de cineasta de prestigio pero sin reconocimiento social: aunque es un director fenomenal, permanece olvidado y eclipsado por otros nombres que le quedan atrás en calidad. Si sólo hubiese dirigido sus diez mejores películas, se le consideraría uno de los mejores directores de la historia. Pero también entregó cintas muy malas.

Habitante de Nueva York, forjado en el teatro de Broadway como actor y director, y pionero de las series televisivas (desde 1951), Lumet responde al estereotipo de judío intelectual progresista: una figura muy presente en la cultura de los Estados Unidos, que junto a la de los comunistas y sus compañeros de viaje marcó el lado luminoso de la civilización occidental durante el trágico siglo XX.

Se le suele englobar en la llamada “generación de la televisión”, cuyo pistoletazo cinematográfico lo dio Delbert Mann con Marty (1955). En ese mismo grupo se incluye también a Martin Ritt, John Frankenheimer, Arthur Penn, Franklin J. Schaffner, Robert Mulligan, George R. Hill y Stuart Rosenberg.

Sus primeros filmes son obras de teatro adaptadas con sobriedad al cine. Sus películas más personales son las que inciden en la conciencia de los personajes. Trabaja con minuciosidad y eficacia y gusta de temas complejos. Diálogos, diálogos, diálogos. Las películas de Lumet se caracterizan sobre todo porque su tema se manifiesta a través de los diálogos. Como en una obra de teatro clásica.

Aunque manifestó que procuraba rodar todos los géneros, se trata de un especialista del cine social, junto a sus contemporáneos Alan J. Pakula, Sydney Pollack o William Friedkin. Como buen conocedor de la televisión, filmó dos excelentes sátiras sobre este medio de comunicación: Tarde de perros y Network.

La crítica destaca sus cuatro dramas policíacos: Serpico, El príncipe de la ciudad, Distrito 34: corrupción total y La noche cae sobre Manhattan: le gustaba mostrar policías corruptos para denunciar esa realidad. Esta última se puede añadir también a su serie sobre dramas judiciales, iniciada con Doce hombres sin piedad y que incluye además Veredicto final, El abogado del diablo y Declaradme culpable (2006).

Otra constante que no se suele destacar es la presencia de personajes femeninos inteligentes e independientes, algo nada habitual en otras filmografías. Así, Ana Magnani en Piel de serpiente, las amigas de El grupo, Blythe Danner en Lovin’ Molly, Faye Dunaway en Network, Ali MacGraw en Dime lo que quieres, Anne Bancroft en Buscando a Greta, Jane Fonda en A la mañana siguiente, Melanie Griffith en Una extraña entre nosotros, Rebecca de Mornay en El abogado del diablo, o Sharon Stone en Gloria.

Claro que, aparte de los clásicos incontestables (Doce hombres sin piedad, Tarde de perros, La colina, Veredicto final), debo mencionar mis favoritas entre las olvidadas o rechazadas por la mayoría: Punto límite, Llamada para un muerto, Perversión en las aulas, Daniel, Power, Un lugar en ninguna parte y Declaradme culpable.

Sin olvidar el falso tópico que asegura que Lumet tuvo una producción mediocre en los años noventa, mientras que su época genial transcurrió en los setenta. Esto se basa en el recuerdo de las tres grandes películas de esa década (Serpico, Tarde de perros y Network), pero pasa por alto el resto de obras maestras, como Doce hombres sin piedad (años cincuenta), La colina (años sesenta), Veredicto final (años ochenta)… y arrincona injustamente su producción de los noventa, casi por completo más que correcta.

Aunque dejó de dirigir para la televisión en 1960, en 2001 se hizo cargo de la serie Los juzgados de Centre Street, con dos temporadas. Y también estrenó la cadena HBO el mediometraje En el nombre de todos, en 2004.

En 1997, Robert J. Emery dirigió un documental de una hora sobre Sidney Lumet (The Directors: The Films of Sidney Lumet), que sirve de guía para el visionado de su filmografía. Pero sobre todo, hay que leer su libro Así se hacen las películas (1995), en el que desglosa por capítulos el trabajo de director, haciendo referencia a numerosos detalles de sus propios filmes hasta 1992. Un texto increíblemente ameno e imprescindible.

Esto es el resultado de ver sus 44 trabajos para el cine, a los que he añadido su valioso mediometraje de 2004.

1. 1957 Doce hombres sin piedad (12 Angry Men) *****
Teatro magníficamente filmado. Un jurado popular debe decidir si un chico es culpable de matar a su padre. Cada uno de los doce hombres tiene una personalidad diferente. Uno de ellos (Henry Fonda) duda sobre el veredicto. Excelente guion dirigido con maestría.


2. 1958 Sed de triunfo (Stage Struck) ** 
Basada en una obra de teatro. Una chica (Susan Strasberg) quiere triunfar como actriz en Broadway. De nuevo con Henry Fonda, ofrece interesantes vistas en color de Nueva York. Entretenida e intrascendente.


3. 1959 Esa clase de mujer (That Kind of Woman) **
Por una vez en esta etapa de Lumet, no adapta una obra de teatro sino un relato. Vehículo de lucimiento de Sophia Loren. Unos soldados flirtean con unas chicas en un tren. La más guapa resulta ser la mantenida de un millonario. Película bastante sosa.


4. 1960 Piel de serpiente (The Fugitive Kind) **
Basada en un dramón sureño de Tennessee Williams (La caída de Orfeo). Marlon Brando es un guitarrista desclasado que se encuentra con Anna Magnani, una mujer crepuscular y atormentada en un lugar donde la gente de orden es maligna. Película desgarradora y excesiva.


5. 1961 Panorama desde el puente (A View from the Bridge) ***
Sobre el drama homónimo de Arthur Miller. Un obrero neoyorquino acoge en su casa a dos inmigrantes ilegales, primos de su esposa. Allí vive también su joven sobrina. Se desatan los celos y todo se vuelve crudo y desagradable. Estimable adaptación.


6. 1962 Larga jornada hacia la noche (Long Day's Journey Into Night) ***
Adapta el drama autobiográfico de Eugene O’Neill. Katharine Hepburn es la madre en una familia destrozada cuyos miembros están todos desquiciados: ella, su marido y sus dos hijos adultos. Sufrimiento asegurado.


7. 1964 Punto límite (Fail-Safe) ****
Adapta una novela ambientada en la Guerra Fría. Henry Fonda es el presidente de los Estados Unidos. Un fallo en el sistema de seguridad lleva a un avión hacia Moscú para destruirla. Comparte argumento con Teléfono rojo…, pero sin su aporte humorístico. Mantiene la tensión. Muy buena.


8. 1964 El prestamista (The Pawnbroker) **
Basada en una novela sobre un prestamista judío que fue internado en Auschwitz. Vive aparentemente inerte pero atormentado. Interesante por su temática y la actuación de Rod Steiger. Aclamada por la crítica pero fallida por su montaje, que pretende reflejar el mecanismo de los recuerdos obsesivos.


9. 1965 La colina (The Hill) *****
Producción británica que adapta una obra de teatro. En una prisión militar del desierto libio (en realidad, el español cabo de Gata) tratan, como es natural, a los soldados como alimañas. Sean Connery es uno de los presos. Un oficial es especialmente despiadado y se desencadena el infierno. Magistral.


10. 1966 El grupo (The Group) ***
Basada en una novela autobiográfica feminista. Ocho amigas se licencian en la universidad en 1933 y se lanzan a la vida adulta hasta el estallido de la II Guerra Mundial. Precedente de Sexo en Nueva York. Interesante por su implicación e imperfecta por su farragosidad.


11. 1966 Llamada para un muerto (The Deadly Affair) **** 
Producción británica basada en la primera novela de John le Carré. James Mason trabaja en la seguridad londinense, y se ve envuelto en un caso de posible suicidio. Espionaje comunista, relaciones amorosas difíciles, argumento de hierro. Cine negro en color. Muy buena.


12. 1968 Adiós, Braverman (Bye Bye Braverman) ** 
Basada en una novela humorística. George Segal encabeza un grupo de cuatro hombres, judíos neoyorkinos, que van en un coche al entierro de un amigo. Algunos destellos cómicos no la hacen demasiado interesante. Aburridilla.


13. 1968 La gaviota (The Sea Gull) ***
Sobre el drama de Chéjov de 1896 inspirado en Hamlet. Distintos personajes en una casa de campo rusa reflejan la decadencia burguesa y muestran sus emociones y pareceres respecto al amor, la literatura, la actuación teatral… Adaptación quizás demasiado seca.


14. 1969 Una cita (The Appointment) *
Inspirada en Tosca y rodada en Italia con Omar Sharif y Anouk Aimée. Un abogado conoce a una bella mujer, de la que dicen que es prostituta de lujo. La película intenta hablar de los celos, pero es un completo fiasco: aburrida, pretenciosa e irrelevante.


15. 1969 The Last of the Mobile Hot Shots **
Basada en un drama de Tennessee Williams (Kingdom of Earth). Una pareja de Nueva Orleans contrae matrimonio en un programa de televisión. Él está enfermo y quiere desheredar a su hermanastro mulato, que vive en una hacienda inundable. Estrambótica, tonta, mala.


16. 1970 King: A Filmed Record... Montgomery to Memphis ***
Documental sobre la vida de Martin Luther King entre 1955 y 1968, codirigido con Joseph L. Mankiewicz, aunque concebido y producido por Ely Landau. Mediante imágenes de archivo, detalla las luchas contra la segregación racial, las intervenciones públicas de King y su funeral. Interesante.


17. 1971 Supergolpe en Manhattan (The Anderson Tapes) ***
Basada en una novela. Sean Connery es un ladrón que planea un robo en todos los apartamentos de un edificio. Su actividad previa es grabada por los servicios secretos, en una crítica a la vigilancia estatal. Entretenida pero falta de genio.


18. 1972 Perversión en las aulas (Child’s Play) ****
Basada en una obra de teatro. Terrorífica metáfora de la obediencia ciega de las masas a su líder. En un instituto católico con dos profesores antagónicos enfrentados (James Mason y Robert Preston), se desencadena la violencia entre los alumnos. Magnífica, aunque no le gustó ni a su director.


19. 1973 La ofensa (The Offence) **
Producción británica basada en una obra de teatro. En una localidad se producen ataques a niñas. Un sargento desquiciado (Sean Connery) pretende arrancarle la confesión a un sospechoso. Ejemplo del gusto de Lumet por la claustrofobia. Apreciada por cierta crítica. Pesada.


20. 1973 Serpico ****
Según el libro de Peter Maas, basado en hechos reales. Al Pacino es un policía honrado de Nueva York que se da cuenta de que todo el sistema está corrupto. Todo un clásico.


21. 1974 Asesinato en el Orient Express (Murder on the Orient Express) ****
Adapta la novela de Agatha Christie, de la serie de Hércules Poirot. Con un elenco de actores famosos, relata la investigación del detective sobre un crimen en el histórico tren. Ofrece de modo impecable lo que se espera de ella. Fenomenal.


22. 1974 Lovin’ Molly **
Basada en la novela Leaving Cheyenne de Larry McMurtry. Dos hombres tejanos aspiran al amor de una mujer a lo largo de cuatro décadas. Floja.


23. 1975 Tarde de perros (Dog Day Afternoon) *****
Basada en hechos reales y protagonizada por un Al Pacino en estado de gracia. Reconstruye el intento de atraco a un banco, donde los asaltantes se atrincheran con rehenes mientras la televisión retransmite en directo. Trata el tema gay de modo pionero. Sin banda sonora musical. Obra maestra.


24. 1976 Network: un mundo implacable (Network) ****
Alegoría hipercrítica sobre la deshumanización de la televisión, personificada en una estúpida y ambiciosa mujer (Faye Dunaway). Rodada con garra, con algunos desbarres argumentales que no le restan interés, ni lúcida anticipación a nuestros días. Extraordinaria.


25. 1977 Equus ***
Basada en una obra de teatro. Un psiquiatra británico (fenomenal Richard Burton) trata a un adolescente tarado, cuya madre es una católica integrista. El chico está obsesionado con los caballos debido a la represión sexual. Profunda, tremenda y desasosegante.


26. 1978 El mago (The Wiz) *
Adapta a la pantalla un musical basado en El mago de Oz. Protagonizada por Diana Ross, todos los que aparecen son negros, incluido Michael Jackson como Espantapájaros. Pavoroso pastiche.


27. 1980 Dime lo que quieres (Just Tell Me What You Want) **
Basada en una novela. Un ricachón tiene sus más y sus menos con su amante, productora de televisión (Ali MacGraw). Patochada insulsa. Huir.


28. 1981 El príncipe de la ciudad (Prince of the City) **
Basada en hechos reales, vuelve al tema de la policía corrupta tras la gran Serpico. Un agente atolondrado (inaguantable Treat Williams) decide convertirse en soplón porque se siente culpable. Le gustó a Kurosawa y a la crítica. A mí no: es una pesadez.


29. 1982 La trampa de la muerte (Deathtrap) ***
Sobre la obra de teatro de Ira Levin. Comedia de enredo y asesinatos, con un dramaturgo en horas bajas (Michael Caine). Entretenida.


30. 1982 Veredicto final (The Verdict) *****
Fabuloso guion de David Mamet basado en una novela, soberbia actuación de Paul Newman e impecable dirección de Sidney Lumet. Un abogado fracasado afronta un caso que le enfrenta con el poder de la Iglesia. Obra maestra del drama judicial.


31. 1983 Daniel ****
Basada en una novela que se inspira en el caso Rosenberg. Una pareja de comunistas estadounidenses de los años cincuenta es ejecutada y su hijo Daniel (Timothy Hutton) investiga, ya adulto, sobre el caso. Excelente producto de gran talla.


32. 1984 Buscando a Greta (Garbo Talks) ***
Una mujer izquierdista (Anne Bancroft) contrae cáncer y desea conocer a Greta Garbo antes de morir. Su hijo intentará localizar a la estrella. Simpática y delicada comedia.


33. 1986 Power ****
Richard Gere es un asesor de campañas electorales con mucho éxito. Un candidato amigo suyo y partidario de la energía solar se retira por presiones de las petroleras. Buena película sobre los entresijos de la política y sus miserias, rodada con ritmo.


34. 1986 A la mañana siguiente **
Localizada en Los Ángeles como gran excepción (el ecosistema de Lumet es Nueva York). Una mujer alcohólica (Jane Fonda) se despierta junto a un cadáver. Entretenida pero con un guion inconsistente y una realización floja.


35. 1988 Un lugar en ninguna parte (Running on Empty) ****
Tremendo dramón sobre una familia revolucionaria que lleva huyendo tres lustros, cuyo primogénito (River Phoenix) ya tiene 17 años. Extraordinaria, sensible, única.


36. 1989 Negocios de familia (Family Business) **
Basada en una novela. Un ladrón veterano (Sean Connery), su hijo (Dustin Hoffman) y su nieto (Matthew Broderick) se juntan para dar un golpe, a iniciativa del nieto. Lumet aseguraba que era una fábula; yo creo que es una solemne tontería.


37. 1990 Distrito 34: corrupción total (Questions & Answers) ***
Guion del propio Lumet basado en un libro. Tensa y enrevesada trama con un policía corrupto (Nick Nolte), un fiscal honrado (Timothy Hutton), y una panda de mafiosos. Vuelve a mostrar que todo el sistema está podrido. Tesis sobre racismo un poco estomagante.


38. 1992 Una extraña entre nosotros (A Stranger Among Us) ****
Melanie Griffith es una detective de policía con fuerte carácter. Le asignan el caso de un judío ortodoxo asesinado en su comunidad. Se integra en ella para investigar. Allí conoce a un atractivo joven. Fracaso de crítica y público, pero fenomenal y delicada.


39. 1993 El abogado del diablo (Guilty as Sin) ***
Rebecca de Mornay es una brillante abogada que defiende a un malvado asesino de mujeres (Don Johnson). Drama judicial efectista y efectivo, denostado por la crítica por comercial. Pero cumple perfectamente con su objetivo: mostrar los procedimientos de un manipulador.


40. 1996 La noche cae sobre Manhattan (Night Falls on Manhattan) ***
Guion del propio Lumet basado en una novela. Un joven abogado (Andy García), hijo de un policía, llega a fiscal del distrito. Con los secretos como tema de fondo, aborda de nuevo la corrupción policial y sugiere que las cosas no son blancas o negras. Film robusto.


41. 1997 En estado crítico (Critical Care) ***
Basada en una novela, con James Spader y Helen Mirren. Un médico estadounidense ante el caso de un paciente vegetativo. El valiente guion se inclina a favor de la eutanasia, criticando la postura de las clínicas privadas, las aseguradoras y los fanáticos religiosos. Irregular pero muy digna.


42. 1999 Gloria **
Gloria (Sharon Stone) sale de la cárcel y se ve obligada a cuidar de un niño huérfano perseguido por los gánsteres que han matado a toda su familia. Remake de la cinta homónima de John Cassavetes de 1980. Floja, conservadora y machista, pero entretenida.


43. 2004 En el nombre de todos (Strip Search) ***
Mediometraje de denuncia política para la televisión. Se narran en paralelo dos detenciones sin derechos legales: una en China y otra en Estados Unidos. Ambas, con el mismo texto. Crudeza teatral.


44. 2006 Declaradme culpable (Find Me Guilty) ****
Cuenta un macrojuicio real contra la mafia neoyorkina. Protagoniza Vin Diesel como uno de los acusados, que se defiende a sí mismo. Un actor de filmes de acción que aquí cambia de registro y sale airoso. De factura perfecta y muy entretenida.


45. 2007 Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the Devil Knows You're Dead) ****
Historia de un atraco fallido. Dos hermanos necesitados de dinero (Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke), sentimientos familiares y tensión. Lumet se despide con el oficio de un chaval avezado. Muy buena.


viernes, 19 de enero de 2018

Blockchain: la nueva sociedad tecnológica


Esto es sólo el principio de una revolución en el modo de relacionarse entre seres humanos. De momento sirve para poner en evidencia a los medios de comunicación tradicionales, como cuando se popularizó internet: tardaron veinte años en dejar de dar noticias negativas sobre ella. Ahora le toca al sistema de contratos blockchain y todo lo relacionado con él: las monedas virtuales como bitcoin, y las iniciativas económicas descentralizadas al margen de corporaciones, bancos y estados.

El viejo sistema vigente, esa figura contra la que lucharon, murieron y mataron tantas personas, popularizó en los años cincuenta la televisión, una eficaz arma de atontamiento. A finales del siglo XX ese mismo sistema puso en bandeja internet, el vehículo perfecto para que un nuevo grupo de ciudadanos organizados le dieran la estocada final.

La difusión de internet se produjo mediante la venta generalizada de ordenadores personales, y el paso siguiente fue la universalización de los teléfonos inteligentes, para obtener beneficios económicos basados en la acumulación de datos masivos (Big Data). Éstos proceden principalmente de las redes sociales como Facebook y se usan para crear publicidad y vigilancia personalizadas. Todo ello sustituyendo, además, a la democracia representativa.

Hasta hace poco, cuando se hablaba de nuevas tecnologías, sólo se estaba dando un nombre más rimbombante a internet. Ahora se trata de algo más. Un grupo de informáticos anónimos ideó un sistema de código abierto para garantizar transacciones basado en la red mundial. Se pasaba de la confianza del apretón de manos de los ganaderos en las ferias a la confianza en la cadena de bloques (blockchain), un libro de cuentas virtual donde cada intercambio (de monedas, bienes o servicios) queda registrado en miles de ordenadores e imposible de borrar o alterar.

Aquí hay que detenerse por un momento. El criptoanarquismo es un movimiento antiestatal basado en las tecnologías que facilitan el anonimato. Pretende depositar el poder en el individuo. Anonymous, nacido en 2008, es un colectivo de hackers anticorrupción. Personajes famosos por su activismo mediante filtración de datos secretos al público son Julian Assange, que puso en marcha en 2007 su web de denuncia Wikileaks; Hervé Falciani, que destapó una lista con 130.000 evasores fiscales; Bradley Manning, que filtró en 2010 a Wikileaks 700.000 documentos secretos sobre las guerras de Irak y Afganistán; o Edward Snowden, que denunció en 2013 la red de vigilancia mundial. Cuatro ejemplos evidentes de no anonimato. En 2014 se publicaron los Papeles de Panamá, desvelando la evasión fiscal de 214.000 empresas. Y en 2017 los Papeles del Paraíso, con otros 120.000 nombres.

La primera iniciativa de los creadores anónimos de blockchain fue utilizarlo para lanzar en 2009 el bitcoin (BTC), la criptomoneda inaugural (en 2013 escribí mis primeras impresiones al respecto). Tenían un valioso invento, fruto de sumar las potencialidades de internet como espacio común universal, y la criptografía como método de tener los datos a buen recaudo.

El algoritmo criptográfico utilizado se denomina hash. Y cada conjunto de datos almacenados es un token. Por ejemplo, un bitoin es un token. Una empresa puede lanzar una Oferta Inicial de Moneda (ICO), y los compradores obtienen tokens (acciones).

El bitcoin empezó a revalorizarse y eso hizo que otros desarrolladores crearan más monedas virtuales (altcoins). En 2014 se creó Ethereum, basado en blockchain y con su propia moneda, el ether (ETH), pero añadiéndole la posibilidad real de formalizar contratos entre particulares sin necesitar terceros. Por otro lado, en 2017 el grupo fundador se dividió en dos ramas, generando en 2017 bitcoin cash (BCH), moneda que pretende salvaguardar la idea original. Las cotizaciones de las principales criptomonedas se pueden consultar en Coinmarketcap.

Mientras, el problema más importante de la humanidad, el calentamiento global fruto de las emisiones contaminantes, va dando paso a una nueva era energética basada en las renovables, principalmente solar y eólica. Las empresas más importantes de este sector son chinas, como la solar Jinko o la eólica Goldwind. Estas corrientes imparables (blockchain y renovables) han hallado ya su punto de encuentro.

Ethereum es la principal plataforma de contratos inteligentes. Se ha desarrollado un estándar para generar tokens (ERC20) y se han puesto en marcha diversas ICO. En el campo de las renovables, existen varias altcoins como Solarcoin (SLR), nacida en 2014 para recompensar la generación de energía solar, tanto a particulares como a empresas. Otro ejemplo de simbiosis entre blockchain y renovables es Wepower (WPR), plataforma de financiación de proyectos de energía verde que ha lanzado una ICO de venta pública de tokens ERC20 basados en Ethereum.

El continente africano permanece aún dormido, sumido en la pobreza extrema a la espera de su despertar, que acabará produciéndose. Latinoamérica es la siguiente en el ranquin de la miseria. Allí, millones de personas con bajo poder adquisitivo han puesto su mirada en el bitcoin como inversión, con la esperanza de aumentar su nivel de vida. Aunque el principal foco de inversores en criptomoneda está en Corea del Sur y Japón.

Un fenómeno sociológico paralelo es la explosión de páginas web (faucets) que ofrecen fracciones de bitcoin (satoshi) a cambio de soportar publicidad. Cien millones de satoshis son un bitcoin. Las recompensas son tan irrisorias que este asunto sería irrelevante a no ser porque está afectando a miles de personas (sobre todo en Latinoamérica) y enriqueciendo a los desarrolladores, que se embolsan las comisiones de intercambio.

El proceso mediante el cual las transacciones de blockchain son calculadas y almacenadas (minería) es, de momento, largo y costoso. Las personas que se dedican a ello obtienen beneficios en forma de monedas virtuales. Los ordenadores que lo llevan a cabo necesitan equipos especiales. Eso ha hecho que se creen grupos para minar (pools), algunos de los cuales alquilan sus equipos para financiar el conglomerado. La minería individual es poco rentable, pero hacerlo en un pool, con grandes instalaciones dedicadas a ello en exclusiva, ofrece ganancias. Incluso si simplemente se alquila una participación en la potencia general, minando en la nube. Un ejemplo de empresa para minar en la nube es Hashflare.

Las criptomonedas de cada propietario se almacenan como datos informáticos en la cadena de bloques. Para gestionarlas se utilizan monederos virtuales (wallet), que pueden ser de distintos tipos: una hoja de papel con las claves es el más sencillo. También están a la venta pendrives que sirven exclusivamente para guardar criptomoneda. Y hay programas para descargar en el ordenador que funcionan como monederos personales, como Electrum. Por último, muchas empresas ofrecen monederos web, como Blockchain.info (no confundir con el sistema homónimo) o Coinbase.com, que no precisan descargar programa alguno, ni los grandes archivos con las cadenas de bloques. Además, estas páginas web sirven para comprar y vender criptomonedas. Por supuesto, embolsándose sus comisiones.

Mientras los medios de comunicación lanzan mensajes negativos sobre todo esto, los grandes bancos ya han comprendido que se trata de una competencia y han puesto su confianza en un sistema centralizado, Ripple (XRP), que no utiliza blockchain. Y muchas de las corporaciones más grandes del planeta están implementando la tecnología blockchain para efectuar sus transacciones y garantizar sus contratos.

Pero la economía descentralizada continúa avanzando imparable, en un proceso que se ha comparado con la cultura descentralizada. Los viejos modelos basados en el reparto de derechos de autor están superados por la tecnología P2P (de ordenador a ordenador); el capitalismo, basado en la confianza monetaria en los Estados, se está quedando atrás gracias a blockchain, un nuevo sistema autorregulado y basado en la confianza mutua de sus usuarios.

La popularización del bitcoin en los medios ha provocado que muchas personas se interesen en este tema para intentar obtener ganancias rápidas con su revalorización. Por todas partes surgen advertencias acerca de la supuesta burbuja financiera que esto supone, sin tener en cuenta que el fenómeno va mucho más allá y no ha hecho más que empezar. Se trata de un cambio de modelo económico, no sólo de una moda especulativa. Mientras tanto, algunos analistas de izquierdas están dando palos de ciego, sumándose a las críticas de los dinosaurios financieros.

Una de las advertencias contra blockchain es que su encriptación puede ser vulnerable en cuanto se expanda el nuevo mercado de procesadores de computación cuántica, 100 millones de veces más rápidos que los convencionales. La respuesta clara a esto es que las cadenas de bloques se podrán minar antes y harán el sistema mucho más eficaz. Y respecto a la seguridad, se están desarrollando modelos que avanzan en paralelo a las novedades tecnológicas.

Si no lo conocen, no lo controlan. Cuando lo conocen, intentan controlarlo. Pero ya es tarde.

viernes, 5 de enero de 2018

Martin McDonagh


Este inglés de padres irlandeses empezó escribiendo obras de teatro que alcanzaron gran fama, hasta que realizó un cortometraje que le valió un Oscar. A partir de ahí, ha dirigido una filmografía estimable aunque irregular, con actuaciones impecables, diálogos de fino humor y gusto por lo absurdo y macabro. Tras su éxito de 2017, quizás se produzca su consagración.

2004 Six Shooter (El revólver de seis tiros) ****
Ingenioso cortometraje de media hora. Un irlandés al que se le acaba de morir la esposa hace un delirante viaje en tren. Humor negro de calidad.

2007 In Bruges (Escondidos en Brujas) ***
Primer largo de McDonagh. Dos pistoleros a sueldo son enviados a Brujas por su jefe. Entretenida y apreciable. Se disfruta.

2012 Seven Psychopaths (Siete psicópatas) **
Deslavazada película que entremezcla tramas dentro de la principal. Un guionista escribe su texto sobre psicópatas mientras suceden asesinatos a su alrededor. Se hace pesada.

2017 Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (Tres anuncios en las afueras) ****
Sería una obra maestra si McDonagh no se hubiera puesto demasiado serio. Continúa siendo ingenioso y crítico, sin embargo. Una mujer contrata tres carteles para reclamar justicia por el asesinato de su hija. Muy buena.
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