jueves, 31 de enero de 2019

Oda al aire acondicionado


Cuando hace mucho calor
te conecto enamorado
y me quitas el ardor,
mi aire acondicionado.

Soplas un suave fresquito
en mi nuca agradecida
y me como un huevo frito
mientras me salvas la vida.

Todos sudan en la calle
y yo sigo refugiado
porque tienes el detalle
de continuar a mi lado.

El amor no es lo que era:
antes lo daba la gente.
Ahora te desespera
o te deja indiferente.

Excepto el tuyo, mi cielo,
aparatejo excelente.
Sabes mimarme con celo
cuidándome cuerpo y mente.

Sigue por siempre conmigo,
invento del siglo veinte.
En mí tienes un amigo
de entusiasmo efervescente.

domingo, 27 de enero de 2019

Rey moro



Propongo solemnemente a Felipe de Borbón y los cuatro jinetes chulillos del apocalipsis patrio que pongamos un rey moro para solventar todas las diferencias entre los ridículos machos alfa que ostentan o pretenden el poder nominal en España y sus trozos.

Pablo Casado, Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias serán virreyes en las taifas del califato, con la impagable compañía del bufón nazi Santiago Abascal, que podrá saltar de taifa en taifa a su libre albedrío. Felipe de Borbón, ministro de Asuntos Exteriores para que no se aburra.

Se organizan unas elecciones monárquicas para elegir al rey moro entre cuatro candidatos, que serán decididos en primarias en cada taifa.

Antes hay que dividir el reino en taifas: Norte, Sur, Este y Oeste. En el Norte, las provincias del Cantábrico, Castilla y León excepto Soria, Navarra y La Rioja; en el Sur, Andalucía, Murcia, Ceuta, Melilla y Canarias. En el Este, Soria, Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares. Y en el Oeste, Extremadura, Madrid y Castilla-La Mancha.

La taifa del Norte tiene sede en Bilbao y la preside Pablo Casado, que es de Palencia.
La taifa del Sur tiene sede en Sevilla y la preside Albert Rivera, de madre malagueña.
La taifa del Este tiene sede en Zaragoza y la preside Pablo Iglesias, que vivió en Soria de niño.
La taifa del Oeste tiene sede en Toledo y la preside Pedro Sánchez, madrileño.

El palacio real estará en Soria, única provincia que se desgaja de su comunidad anterior.

Los virreyes de las taifas, el bufón nazi y el rey moro de España tendrán el mismo poder que los actuales rey, presidente del gobierno y de las comunidades autónomas: salir en la tele, discutir de política y todo eso. El poder verdadero seguirá en manos de los dueños del capital, de momento.

Si un niño se cae a un pozo, se podrá informar de ello en una nota de la página de sucesos de los periódicos, incluidos los digitales. Si, por ejemplo, se saca el cadáver del niño del pozo, podrá informarse de ello, en un listado de intrascendencias que den por cerradas las notas intrascendentes anteriores.

Las noticias no se podrán repetir, y las chorradas sólo tendrán cabida en los semanarios satíricos. Para rellenar los inmensos huecos que dejarán las repeticiones, las intrascendencias y las chorradas, se podrá informar a la población sobre temas científicos, sociales o culturales ahora relegados al ostracismo. La gastronomía, los deportes y los concursos no serán prohibidos, pero volverán al lugar que ocupaban en la información cuando aún se sabía que eran temas secundarios o de pasar un rato corto.

El rey moro podrá cantar y bailar, sean cuales sean sus gustos musicales.

Las ideologías quedan abolidas, asumiendo de una vez por todas que se pasó del mito al logos hace siglos, que el ordenamiento de la realidad lo hace el método científico, que los derechos humanos son bastante aceptables en general, que la democracia es perfectible pero la dictadura es peor, que el conservadurismo es algo propio de seres no avanzados y que la meta a alcanzar es la libertad, la igualdad y la fraternidad en una sociedad en común.

Como los virreyes aún se entretienen hablando de política, se organizarán tertulias con ellos, el rey moro y el bufón, que serán emitidas en las televisiones y radios, en los breves espacios dedicados a intrascendencias en esos medios.

El rey moro abdicará cada cuatro años y será sustituido por otro rey moro para entretener a la gente simple. Los cuatro machos alfa serán también sustituidos cuando pasen unos años, dándonos por fin un respiro. Se pondrán cuatro virreinas, para variar. Felipe de Borbón será sucedido en el ministerio por la hija ésa que tiene preparada.

Cuando todo vaya bien, se irán haciendo leyes para despojar de sus privilegios y su capital a los dueños del poder, traspasándolo a una red horizontal con subsedes en los barrios. Como la organización asamblearia acaba siempre en manos de unos pocos y la gente se cansa de asistir a las reuniones, se celebrarán corridas de toros sin toros para que vaya el público, medio engañado, y proponga cosas populares.

La cerveza sin alcohol no sabe igual que la de verdad, pero uno acaba acostumbrándose: así con todo. A los católicos, musulmanes, etc. se les explicará, con paciencia, que creen cosas un poco raras. Habrá una asignatura en los colegios de actualización al siglo XXI, hasta que le entre en la cabeza a todo el mundo que ya no somos presocráticos, que la naturaleza no piensa, que no hay dioses y que es mejor compartir que acaparar. Los que no quieran entenderlo, allá ellos.

Lo de que haya un rey moro es para contentar por igual a monárquicos e historiadores. Pero es una cosa sin sexo predefinido, o sea, que puede ser igual reina mora, según la gente que salga en las primarias.

La única discriminación que habrá será la positiva, para favorecer a los colectivos desfavorecidos, tales como fumadores, mujeres, ancianos, discapacitados o autónomos.

En unos pocos años, la gente será algo más culta y se darán cuenta de que la monarquía es un cuento para críos. Entonces se podrá la república, que ya va siendo hora. El rey moro aún podrá salir en la tele, pero ya como personaje de ficción.

martes, 8 de enero de 2019

Soy chino



Me llamo Antonio y no Chang, pero soy chino. Tengo los ojos sin rasgar, la mentalidad occidental, una casa en Europa, pero soy chino, insisto. Formo parte de los 1.500 millones de chinos. Me identifico con los chinos de tal modo que soy uno de ellos. Me siento como un grano de arroz en una paella gigante. Indistinguible del resto, amarillo, llevado de la mano por los vientos del abismo. Sólo los chinos saben a qué me refiero.

Como soy chino, hago cosas de chinos. Por ejemplo, beber agua caliente. Aunque yo lo hago en la modalidad de agua fría, que viene a ser lo mismo, y más si eres chino. En Occidente, los chinos comemos en restaurantes chinos de comida china para chinos, que son distintos a los restaurantes chinos de comida china para occidentales. Como en el caso del agua, mi versión difiere y almuerzo en restaurantes chinos de comida occidental para occidentales. Ya se sabe que dos negaciones son una afirmación.

Esto lo aplico al resto de mis costumbres chinas. Para ser miembro del Partido Comunista, un chino debe ser ateo. Yo soy ateo, como buen miembro del Partido Comunista Chino, pero no soy miembro del Partido Comunista, lo que me convierte de nuevo en chino por eliminación doble. Los chinos de China, cuando achinan los ojos, parecen occidentales poniendo cara de chinos, mientras que yo no hago nada con los ojos, porque ya soy chino de entrada.

Pero lo que más chino me hace es mi condición de chino falso. No hay nada más chino que una falsificación, y en eso los chinos se llevan la palma, superando en mérito a cualquier otra etnia. La falsificación nos hace humanos, como los brotes de soja hacen de una ensalada china un cementerio de espermatozoides crujientes. Nada más chino que un cuenco de bambú fabricado con plástico, o cualquier objeto barato de un bazar chino, que siempre lleva una etiqueta de la Comunidad Valenciana, cuna de la paella.

China tiene relaciones amistosas con muchos países del mundo, como Corea del Norte, Rusia, Pakistán, Serbia, Venezuela, Siria… Un abanico de naciones muy variado. Pero a mí todo eso me da un poco igual. Yo soy un chino bastante apátrida. Con decir que España, por ejemplo, me la refanfinfla, está todo dicho. Y luego está la canción de los Payasos de la Tele, aquélla de Chinita del alma. Eso me recuerda que tuve en mi casa una china comprada en Ámsterdam que duró allí meses y meses. Prefiero el Ducados, que lo fabricaban en Logroño hasta que la planta cerró en 2016. Y eso que el presidente de La Rioja se llama José Ignacio Ceniceros.

China, como nación, me produce el mismo sentimiento patriótico que España o Cataluña. Pero como concepto, China es una razón para vivir. Una mujer china con espada es una espadachina. El idioma de Elche es elchino. Una espada china es un complemento ideal para una esgrimista ilicitana. ¿Hay entonces una conexión directa entre la Comunidad Valenciana y China? Por supuesto, pero abandonada.

Durante muchos años viajé a Valencia con regularidad. Nunca he querido volver. Para qué viajar a un lugar donde la conciencia china está casi olvidada, donde mis camaradas han perdido esa identidad milenaria. La tierra de las flores, de la luz y del amor: tres delicias como las del arroz. Pero el lugar con más influencia china es Villanueva de la Serena. En esta localidad se celebra desde 2012 la Feria de la Tortilla de Patatas, por ser allí el origen de ese manjar, datado en 1798 por el Centro Superior de Investigaciones Científicas. No en vano, ese año los jesuitas británicos se asentaron en China.

La tortilla de patatas que ofrecen algunos bares chinos es una variante muy similar a otro plato aún menos apreciado: nalgas de cadáver en formol. Gateando sibilinos, los arúspices repiquetean sus uñas en el enlosado. Pero no engañan a nadie: un Compendio de Agricultura General editado en Valencia en 1767 comenta ya la existencia de la tortilla de patatas, tres décadas antes que su falsa invención en Villanueva de la Serena. Suenan los clarines: los chinos, conmigo entre ellos, nunca discutimos sobre la cebolla.

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