lunes, 28 de septiembre de 2020

Rafa Maza: no se lo pierdan

 

Ayer fui y vine y vine y fui. Me pasa últimamente; vermús toreros, actos culturales, viajes, colegueo. Una de las idas y venidas fue al Teatro de las Esquinas de Zaragoza. Cogí el autobús equivocado pero no me dejó muy lejos. José Ángel Delgado, director y productor de cine, me había invitado a ver un espectáculo: Fabiolo Connection, del que yo no sabía o no recordaba nada. Ir hasta allí era una buena excusa para ver a José Ángel y ponernos al día de nuestras vicisitudes personales.

Resultó que disfruté de lo lindo de la actuación. El actor oscense Rafa Maza, al que no había visto antes en mi vida, o no lo recordaba, es un genio del humorismo. Vais a llamarme exagerado. Intentaré razonar ese aserto.

Fabiolo es un personaje creado por Rafa: la sublimación del pijo. Por supuesto, de entrada esa creación echa para atrás, repele, asquea. Y, en principio por desgracia, es la espina dorsal de la puesta en escena. Una sencilla búsqueda en Google les dará a ustedes las claves de la trama humorística, pero valga apuntar nada más que, en la mejor tradición de los cómicos patrios, Rafa Maza despliega su arte representando innumerables personajes, y todos con tino.

Es capaz de imitar hilarantemente cualquier idioma, cantar cualquier estilo, ponerse en la piel de cualquier famoso, sacarse tipos humanos de la manga de factura propia, pertrechar malabarismos, crear ambientes únicos a partir de elementos sencillos, contar chistes, reflexionar sobre la sociedad actual, interactuar con el público, bailar, y todo ello sin caer en lo chusco ni en lo pedante: un equilibrio que pocos consiguen.

Como decía, Fabiolo es un pijo despreciable, sí. Pero sirve de anaquel del que van surgiendo los ingeniosos hallazgos que llenan la representación. La muy contada anécdota acerca de Lola Flores, a la que un anuncio presentaba diciendo: “No canta. No baila. No se la pierdan” me sirve para parafrasearlo. “No me gusta Fabiolo. No se lo pierdan”.

Tuve el privilegio de cenar con Rafa tras la función. Además de con José Ángel, compartimos mesa con Alfonso Desentre, reciente Premio Simón del Cine Aragonés a mejor actor e inigualable compañero de cigarrillos. Rafa nos inquiría acerca de pormenores de su show. Y nos ilustró respecto a cómo había ido evolucionando, qué novedades introdujo anoche, su propia percepción de la respuesta del público, su momento profesional, con colaboraciones en televisión y cine, su ilusión respecto al futuro. De doble formación, actoral y humanística, se desveló como un tipo ávido de conocimientos, el mejor perfil para quien muestra en su profesión tantas facetas del ser humano.

Llovía a la salida. Y bien que llovía. Nos cobijamos en una marquesina y José Ángel le dijo a Rafa que yo escribía, así que el humorista me pidió que lo hiciese sobre él. Alfonso llamó a un taxi que nos llevó de tour por toda la ciudad, dejándonos a cada uno en su barrio. Rafa nos animó a repetir reuniones como ésa. Yo, al fin y al cabo un infiltrado, me quedé satisfecho de poder compartir una velada con tanto arte junto, y aquí estoy cumpliendo mi promesa. Qué menos.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Sombras de mi pasado

Tuve muy poca relación con María. Trabajaba de limpiadora o de algo parecido en un colegio público del casco viejo de Zaragoza. Visité ese lugar durante mi infancia, y ahora que me he especializado en la historia de la ciudad deduzco que se trataba del colegio de San Felipe, en la actual ubicación del museo de Pablo Gargallo. 

Desde las ventanas del colegio, que yo reinterpreté luego en una esquina de la cercana plaza del Justicia, mi tía Carmen, la hermana de María, me mostraba la antigua tienda de bromas de Emilio Grasa. Ahora sé que no sólo vendía esos artículos, sino una amplia gama de mercaderías, y que se llamaba La bola dorada y estaba en la calle Candalija, que desemboca en la de Alfonso I.

Siempre creí que María había sido maestra, pero alguien de la familia me sacó de mi error. Su marido fue fusilado por ser del bando republicano, y su hijo estuvo al cuidado de Carmen. Carmen nunca tuvo hijos, pero sí ahijados, como el huérfano Alejandro o José, fruto de un matrimonio anterior de Feliciano, el marido de Carmen.

María fue internada durante sus últimos meses en una residencia contra su voluntad. Su hijo, ya muy mayor, que había estudiado en los Escolapios, llevaba las cuentas de la asociación de exalumnos. Tuvo dos hijos con Emilia: el primogénito se llamó como él y la pequeña fue Eva, el mismo nombre que yo le puse a mi hija. Quién sabe qué vida llevarán hoy, medio siglo después.

Personas que van dejando huella, mayor o menor, en uno. La que más, Carmen. Pero también Emilio Grasa, que acabó loco e internado en una habitación del seminario de San Carlos. Yo lo visitaba con su cuidador Feliciano todas las semanas de mi infancia, y me regalaba artículos de broma. Su sobrina Teresa restauró la cúpula de Goya del Pilar.

Y José, el hijo de Feliciano, que marchó a Francia para buscarse la vida, montando un bar taxi en un pequeño pueblo. Acabó sus días muriendo en Zaragoza, antes que su padre, que en mi última visita no me reconocíó.

Hoy vivo rodeado de gente que me quiere, como entonces. Casi todos son otros, son otras. Pero recorro las calles de mi ciudad y recuerdo siempre a estos antepasados lejanos, sombras de mi pasado, y sus lugares asociados. Como el Monte de Piedad de la foto.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Entrelazamiento cuántico

Dejo aquí el enlace al mejor artículo científico de divulgación que he leído en los últimos años. Su autor, Alberto Aparici.

Entrelazamiento cuántico, algo más que una “espeluznante acción a distancia”

Carta a los amigos de Joaquín Carbonell


Carta a los amigos de Joaquín Carbonell
Antonio Tausiet

Cuando yo me muera no quiero homenajes, ni celebraciones ni congresos. Que nadie escriba una línea, tampoco Antón Castro. Pero que la Bodega de Carbo se reúna al menos una vez al año.
Joaquín Carbonell

Siempre me ha indignado esa fábula de claudicaciones inventadas en el lecho de muerte de los hombres ilustres. 
Miguel de Unamuno


Queridos amigos -lo sois, de verdad- de la Bodega de Carbo:

Necesito escribir esto, sin llegar a los extremos de mi admirado Juan Leyva. Hace unos años, nuestro Joaquín decidió conformar una nueva familia; llámese grupo de conocidos. Me da igual. Desde entonces, organizó reuniones frecuentes con nosotros, en la bodega de su casa y otros lugares.

En la primera, él me presentó a una de mis mejores amigas, Ana Asión: me he hecho miembro de tu círculo cercano, incluyendo a tu novio, Julio, tus padres y tu hermana. Insuperable Gran Bob e increíble Nines: he sido feliz sabiendo que me tenéis en consideración. Poder charlar contigo, Álvaro, y saber que eres tan valiosa, Judith, me ha aportado mucho. David, me abriste tu corazón y tu local para lo que quisiera. Y no hablemos de ti, Kaku; te amé sin límite, luego fuiste compañera de Joaquín, y sigues siendo una gran amiga y cómplice, mía y de mi hija, como lo fue él. Gema: tu adorable hija y tu simpático Raúl seguro que creéis, como yo, que somos buena gente, igual que, sin duda, Philippe y Mariana. Charlie, me sorprendiste y emocionaste. Fernando, me ganaste con tu visión humanista excepcional. Me costó encontrarte el punto, Mariano, pero llegué a valorarte de verdad. Lourdes: me conquistaste, y Julián, dejaste huella en mí para siempre. Juan, traías a Mar, muy adecuada...

Penélope vino y se fue, aunque ahora soy su amigo y de su Emilio, y los adoro. Marcos se esfumó, pero me dio una clave primordial. Arantxa, Sergio, su esposa y su hijo nunca fueron cercanos a mí, pero sí a Kaku: los estimo.

Todas estas personas sois los verdaderos protagonistas de los últimos años de Joaquín. Salvo honrosas excepciones -sólo se me ocurre una, Eloy-, quienes han escrito estos días en la prensa sobre él han hecho un vergonzoso ejercicio de papanatismo. Un abrazo a todos.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Paletonia, o no



Érase una vez una ciudad de provincias que lo tenía todo, aunque sus habitantes no lo sabían. Érase un microcosmos que atesoraba milenios de historia, que le habían dado un carácter muy determinado, distinto a los ojos de cualquier observador exterior al de las grandes ciudades que lo circundaban. Los pobladores de esa ciudad olvidada en los libros y en las redes sociales eran muy variados y compartían inquietudes y saberes que, en conjunto, eran un gran tesoro, pero tomados uno a uno, sólo los usaban para defenderse del resto, con ataques más o menos fundados. Se trataba de una ciudad, aunque más parecía una comunidad de vecinos. Había un derroche infinito de sabiduría popular, heredada de los núcleos rurales que la habían alimentado. En la pirámide de la valoración social, estos saberes constituían una sólida base sobre la que se asentaba el resto. Luego había un caldo de cultivo, de mayoría anarquista pero con muchos elementos comunistas, que alimentaba intelectualmente al resto de la población. Eran individuos formados en la segunda mitad del siglo XX, con su fecunda herencia de la mitad anterior. Como en otros tantos núcleos poblacionales de Occidente, asimilaron la filosofía de la contracultura, acabando en muchos casos adaptándose al orden establecido. Algunos llegaron a puestos preeminentes, como directores de medios de comunicación, presidentes de fundaciones, altavoces del pueblo… Pero la mayoría fueron consecuentes con sus principios, y siguieron fustigando desde sus pequeños altares, sin dejarse llevar por la corriente. Aforos de público reducidos, lectores ávidos de mensajes diferenciados, musas inconformistas, grupos reunidos en torno de bares, tendencias pop, letraheridos… Eran una masa de miles de personas concienciadas, críticas con los poderes. Y por fin, los que menos tocados por la ética quedaron de esas fecundas generaciones, se apuntaron desde las postrimerías de la dictadura a una nueva moda importada y financiada desde Alemania, vía Estados Unidos: la socialdemocracia. La ciudad sufrió, como el resto del país, esta moda impuesta que no abarcaba sólo la política, sino que se infiltró concienzudamente en todas las ramas del saber, inundando las universidades. El conjunto de ciudadanos afines a las ideas conservadoras, esa ralea de barro informe que hace avanzar más lento, no forma parte de esta historia porque no tienen relevancia moral, pero los citados socialdemócratas fueron ocupando poco a poco todas las cátedras. Eran personas intelectualmente válidas, que compraron rápidamente el discurso anticomunista derivado del fracaso en el este de Europa y se instalaron muy cómodos en sus poltronas, haciendo guiños inocuos al anarquismo mientras tragaban todos los sapos ideológicos del nuevo régimen, pantomima de democracia sin cambiar los cimientos, que se impuso en el país. Estos próceres, limpios de la pátina de un pasado atroz de fusilamientos y torturas, miraron a otro lado mientras el nuevo Gobierno de 1982 perpetuaba los privilegios de la aristocracia del estraperlo. Hubo grandes avances en la investigación cultural, siempre capitaneados por los socialdemócratas del vértice superior de la pirámide, mientras poco a poco se fue enterrando la memoria de quienes realmente mantuvieron despierta la lucha contra la dictadura. En la ciudad de provincias se alentó una cierta forma de nacionalismo, que engendró opciones políticas de distinto signo, con el nexo común de la pertenencia a la élite. Hoy sobreviven, jubilados o prejubilados, aquellos personajes que mantuvieron viva la llama falsa del progresismo descafeinado, y también algunos de los que nunca se adhirieron a esa monumental feria de vanidades. Poco a poco van muriendo, mientras que en las nuevas generaciones nada de esto parece estar sobre la mesa. Algunos de los pusilánimes se constituyeron en élite cultural y continúan en ello. Muchos de los resistentes siguen siendo punta de lanza de la crítica local, pero la amplia mayoría de los habitantes viven ajenos a ambas corrientes, trepanados por el miedo, los medios de comunicación de masas y la economía de subsistencia. Una ciudad milenaria, con un potencial demostrado de valor cultural, social y de análisis, hoy se arrastra como un reptil moribundo, y no tiene visos de mejora a corto plazo. Pero mientras tanto, algunos nos seguimos divirtiendo, que al fin y al cabo, es lo que da sentido a esta vida. Sin renunciar al espíritu libre, crítico y de avance social que siempre se impone sobre las cavernas, los traidores y los cenizos.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...