lunes, 28 de septiembre de 2020

Rafa Maza: no se lo pierdan

 

Ayer fui y vine y vine y fui. Me pasa últimamente; vermús toreros, actos culturales, viajes, colegueo. Una de las idas y venidas fue al Teatro de las Esquinas de Zaragoza. Cogí el autobús equivocado pero no me dejó muy lejos. José Ángel Delgado, director y productor de cine, me había invitado a ver un espectáculo: Fabiolo Connection, del que yo no sabía o no recordaba nada. Ir hasta allí era una buena excusa para ver a José Ángel y ponernos al día de nuestras vicisitudes personales.

Resultó que disfruté de lo lindo de la actuación. El actor oscense Rafa Maza, al que no había visto antes en mi vida, o no lo recordaba, es un genio del humorismo. Vais a llamarme exagerado. Intentaré razonar ese aserto.

Fabiolo es un personaje creado por Rafa: la sublimación del pijo. Por supuesto, de entrada esa creación echa para atrás, repele, asquea. Y, en principio por desgracia, es la espina dorsal de la puesta en escena. Una sencilla búsqueda en Google les dará a ustedes las claves de la trama humorística, pero valga apuntar nada más que, en la mejor tradición de los cómicos patrios, Rafa Maza despliega su arte representando innumerables personajes, y todos con tino.

Es capaz de imitar hilarantemente cualquier idioma, cantar cualquier estilo, ponerse en la piel de cualquier famoso, sacarse tipos humanos de la manga de factura propia, pertrechar malabarismos, crear ambientes únicos a partir de elementos sencillos, contar chistes, reflexionar sobre la sociedad actual, interactuar con el público, bailar, y todo ello sin caer en lo chusco ni en lo pedante: un equilibrio que pocos consiguen.

Como decía, Fabiolo es un pijo despreciable, sí. Pero sirve de anaquel del que van surgiendo los ingeniosos hallazgos que llenan la representación. La muy contada anécdota acerca de Lola Flores, a la que un anuncio presentaba diciendo: “No canta. No baila. No se la pierdan” me sirve para parafrasearlo. “No me gusta Fabiolo. No se lo pierdan”.

Tuve el privilegio de cenar con Rafa tras la función. Además de con José Ángel, compartimos mesa con Alfonso Desentre, reciente Premio Simón del Cine Aragonés a mejor actor e inigualable compañero de cigarrillos. Rafa nos inquiría acerca de pormenores de su show. Y nos ilustró respecto a cómo había ido evolucionando, qué novedades introdujo anoche, su propia percepción de la respuesta del público, su momento profesional, con colaboraciones en televisión y cine, su ilusión respecto al futuro. De doble formación, actoral y humanística, se desveló como un tipo ávido de conocimientos, el mejor perfil para quien muestra en su profesión tantas facetas del ser humano.

Llovía a la salida. Y bien que llovía. Nos cobijamos en una marquesina y José Ángel le dijo a Rafa que yo escribía, así que el humorista me pidió que lo hiciese sobre él. Alfonso llamó a un taxi que nos llevó de tour por toda la ciudad, dejándonos a cada uno en su barrio. Rafa nos animó a repetir reuniones como ésa. Yo, al fin y al cabo un infiltrado, me quedé satisfecho de poder compartir una velada con tanto arte junto, y aquí estoy cumpliendo mi promesa. Qué menos.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Sombras de mi pasado

Tuve muy poca relación con María. Trabajaba de limpiadora o de algo parecido en un colegio público del casco viejo de Zaragoza. Visité ese lugar durante mi infancia, y ahora que me he especializado en la historia de la ciudad deduzco que se trataba del colegio de San Felipe, en la actual ubicación del museo de Pablo Gargallo. 

Desde las ventanas del colegio, que yo reinterpreté luego en una esquina de la cercana plaza del Justicia, mi tía Carmen, la hermana de María, me mostraba la antigua tienda de bromas de Emilio Grasa. Ahora sé que no sólo vendía esos artículos, sino una amplia gama de mercaderías, y que se llamaba La bola dorada y estaba en la calle Candalija, que desemboca en la de Alfonso I.

Siempre creí que María había sido maestra, pero alguien de la familia me sacó de mi error. Su marido fue fusilado por ser del bando republicano, y su hijo estuvo al cuidado de Carmen. Carmen nunca tuvo hijos, pero sí ahijados, como el huérfano Alejandro o José, fruto de un matrimonio anterior de Feliciano, el marido de Carmen.

María fue internada durante sus últimos meses en una residencia contra su voluntad. Su hijo, ya muy mayor, que había estudiado en los Escolapios, llevaba las cuentas de la asociación de exalumnos. Tuvo dos hijos con Emilia: el primogénito se llamó como él y la pequeña fue Eva, el mismo nombre que yo le puse a mi hija. Quién sabe qué vida llevarán hoy, medio siglo después.

Personas que van dejando huella, mayor o menor, en uno. La que más, Carmen. Pero también Emilio Grasa, que acabó loco e internado en una habitación del seminario de San Carlos. Yo lo visitaba con su cuidador Feliciano todas las semanas de mi infancia, y me regalaba artículos de broma. Su sobrina Teresa restauró la cúpula de Goya del Pilar.

Y José, el hijo de Feliciano, que marchó a Francia para buscarse la vida, montando un bar taxi en un pequeño pueblo. Acabó sus días muriendo en Zaragoza, antes que su padre, que en mi última visita no me reconocíó.

Hoy vivo rodeado de gente que me quiere, como entonces. Casi todos son otros, son otras. Pero recorro las calles de mi ciudad y recuerdo siempre a estos antepasados lejanos, sombras de mi pasado, y sus lugares asociados. Como el Monte de Piedad de la foto.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Entrelazamiento cuántico

Dejo aquí el enlace al mejor artículo científico de divulgación que he leído en los últimos años. Su autor, Alberto Aparici.

Entrelazamiento cuántico, algo más que una “espeluznante acción a distancia”

Carta a los amigos de Joaquín Carbonell


Carta a los amigos de Joaquín Carbonell
Antonio Tausiet

Cuando yo me muera no quiero homenajes, ni celebraciones ni congresos. Que nadie escriba una línea, tampoco Antón Castro. Pero que la Bodega de Carbo se reúna al menos una vez al año.
Joaquín Carbonell

Siempre me ha indignado esa fábula de claudicaciones inventadas en el lecho de muerte de los hombres ilustres. 
Miguel de Unamuno


Queridos amigos -lo sois, de verdad- de la Bodega de Carbo:

Necesito escribir esto, sin llegar a los extremos de mi admirado Juan Leyva. Hace unos años, nuestro Joaquín decidió conformar una nueva familia; llámese grupo de conocidos. Me da igual. Desde entonces, organizó reuniones frecuentes con nosotros, en la bodega de su casa y otros lugares.

En la primera, él me presentó a una de mis mejores amigas, Ana Asión: me he hecho miembro de tu círculo cercano, incluyendo a tu novio, Julio, tus padres y tu hermana. Insuperable Gran Bob e increíble Nines: he sido feliz sabiendo que me tenéis en consideración. Poder charlar contigo, Álvaro, y saber que eres tan valiosa, Judith, me ha aportado mucho. David, me abriste tu corazón y tu local para lo que quisiera. Y no hablemos de ti, Kaku; te amé sin límite, luego fuiste compañera de Joaquín, y sigues siendo una gran amiga y cómplice, mía y de mi hija, como lo fue él. Gema: tu adorable hija y tu simpático Raúl seguro que creéis, como yo, que somos buena gente, igual que, sin duda, Philippe y Mariana. Charlie, me sorprendiste y emocionaste. Fernando, me ganaste con tu visión humanista excepcional. Me costó encontrarte el punto, Mariano, pero llegué a valorarte de verdad. Lourdes: me conquistaste, y Julián, dejaste huella en mí para siempre. Juan, traías a Mar, muy adecuada...

Penélope vino y se fue, aunque ahora soy su amigo y de su Emilio, y los adoro. Marcos se esfumó, pero me dio una clave primordial. Arantxa, Sergio, su esposa y su hijo nunca fueron cercanos a mí, pero sí a Kaku: los estimo.

Todas estas personas sois los verdaderos protagonistas de los últimos años de Joaquín. Salvo honrosas excepciones -sólo se me ocurre una, Eloy-, quienes han escrito estos días en la prensa sobre él han hecho un vergonzoso ejercicio de papanatismo. Un abrazo a todos.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Paletonia, o no



Érase una vez una ciudad de provincias que lo tenía todo, aunque sus habitantes no lo sabían. Érase un microcosmos que atesoraba milenios de historia, que le habían dado un carácter muy determinado, distinto a los ojos de cualquier observador exterior al de las grandes ciudades que lo circundaban. Los pobladores de esa ciudad olvidada en los libros y en las redes sociales eran muy variados y compartían inquietudes y saberes que, en conjunto, eran un gran tesoro, pero tomados uno a uno, sólo los usaban para defenderse del resto, con ataques más o menos fundados. Se trataba de una ciudad, aunque más parecía una comunidad de vecinos. Había un derroche infinito de sabiduría popular, heredada de los núcleos rurales que la habían alimentado. En la pirámide de la valoración social, estos saberes constituían una sólida base sobre la que se asentaba el resto. Luego había un caldo de cultivo, de mayoría anarquista pero con muchos elementos comunistas, que alimentaba intelectualmente al resto de la población. Eran individuos formados en la segunda mitad del siglo XX, con su fecunda herencia de la mitad anterior. Como en otros tantos núcleos poblacionales de Occidente, asimilaron la filosofía de la contracultura, acabando en muchos casos adaptándose al orden establecido. Algunos llegaron a puestos preeminentes, como directores de medios de comunicación, presidentes de fundaciones, altavoces del pueblo… Pero la mayoría fueron consecuentes con sus principios, y siguieron fustigando desde sus pequeños altares, sin dejarse llevar por la corriente. Aforos de público reducidos, lectores ávidos de mensajes diferenciados, musas inconformistas, grupos reunidos en torno de bares, tendencias pop, letraheridos… Eran una masa de miles de personas concienciadas, críticas con los poderes. Y por fin, los que menos tocados por la ética quedaron de esas fecundas generaciones, se apuntaron desde las postrimerías de la dictadura a una nueva moda importada y financiada desde Alemania, vía Estados Unidos: la socialdemocracia. La ciudad sufrió, como el resto del país, esta moda impuesta que no abarcaba sólo la política, sino que se infiltró concienzudamente en todas las ramas del saber, inundando las universidades. El conjunto de ciudadanos afines a las ideas conservadoras, esa ralea de barro informe que hace avanzar más lento, no forma parte de esta historia porque no tienen relevancia moral, pero los citados socialdemócratas fueron ocupando poco a poco todas las cátedras. Eran personas intelectualmente válidas, que compraron rápidamente el discurso anticomunista derivado del fracaso en el este de Europa y se instalaron muy cómodos en sus poltronas, haciendo guiños inocuos al anarquismo mientras tragaban todos los sapos ideológicos del nuevo régimen, pantomima de democracia sin cambiar los cimientos, que se impuso en el país. Estos próceres, limpios de la pátina de un pasado atroz de fusilamientos y torturas, miraron a otro lado mientras el nuevo Gobierno de 1982 perpetuaba los privilegios de la aristocracia del estraperlo. Hubo grandes avances en la investigación cultural, siempre capitaneados por los socialdemócratas del vértice superior de la pirámide, mientras poco a poco se fue enterrando la memoria de quienes realmente mantuvieron despierta la lucha contra la dictadura. En la ciudad de provincias se alentó una cierta forma de nacionalismo, que engendró opciones políticas de distinto signo, con el nexo común de la pertenencia a la élite. Hoy sobreviven, jubilados o prejubilados, aquellos personajes que mantuvieron viva la llama falsa del progresismo descafeinado, y también algunos de los que nunca se adhirieron a esa monumental feria de vanidades. Poco a poco van muriendo, mientras que en las nuevas generaciones nada de esto parece estar sobre la mesa. Algunos de los pusilánimes se constituyeron en élite cultural y continúan en ello. Muchos de los resistentes siguen siendo punta de lanza de la crítica local, pero la amplia mayoría de los habitantes viven ajenos a ambas corrientes, trepanados por el miedo, los medios de comunicación de masas y la economía de subsistencia. Una ciudad milenaria, con un potencial demostrado de valor cultural, social y de análisis, hoy se arrastra como un reptil moribundo, y no tiene visos de mejora a corto plazo. Pero mientras tanto, algunos nos seguimos divirtiendo, que al fin y al cabo, es lo que da sentido a esta vida. Sin renunciar al espíritu libre, crítico y de avance social que siempre se impone sobre las cavernas, los traidores y los cenizos.

domingo, 12 de julio de 2020

Neuróptica. Estudios sobre el cómic


Neuróptica. Estudios sobre el cómic. Núm 1
VV. AA., Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2019

Revista de estudios sobre el cómic dirigida por Julio A. Gracia. Incluye el monográfico El cómic español en la encrucijada: del tardofranquismo al desencanto.

Texto de Antonio Tausiet para el libro:
Veinte años de humor gráfico español (1970-1990). Un repaso a la Transición tamizado por la risa

Libro "Memoria visual de Zaragoza. Los cruciales años 30"


El sábado 11 de julio de 2020 se puso a la venta el libro Memoria visual de Zaragoza. Los cruciales años 30, editado por El Periódico de Aragón.

Desde 2014, el proyecto GAZA, Gran Archivo Zaragoza Antigua, creado por José María Ballestín Miguel y Antonio Tausiet, compila y ordena miles de referencias visuales de la ciudad de Zaragoza. Este libro es una selección de fotografías de ese archivo, acompañadas de comentarios redactados para la ocasión.

Un recorrido por la ciudad, los barrios y aspectos de su economía y sociedad en la década de los 30, época de acelerados cambios y quiebras fundamentales en la historia de España: la Dictadura de Primo de Rivera, la proclamación de la Segunda República, sus dos bienios contrapuestos, el Frente Popular y una sublevación militar fallida que derivó en una guerra que marcaría el futuro: los cruciales años 30.

martes, 16 de junio de 2020

La opinión de los normales


Yo confieso. He vivido toda mi vida en una burbuja de ignorancia y error. Siempre había creído que la sociedad estaba conformada por personas con distintas ideologías, repartidas de modo misceláneo. Pese a que ya era consciente de que la gente de ideas muy avanzadas eran minoría, estaba convencido de que había un cierto equilibrio entre conservadores y progresistas.

Pero no. Lo cierto es que la mayoría es normal, normalizada, normativa. Todo ese montón de habitantes que pulula es una masa de humanos con miedo, deseosos de que las cosas sigan como están, porque por muy mal que les vaya como colectivo, siempre les puede ir peor. Los que creen que se puede progresar, que incluso hay que hacer algo para que todo avance, son muy pocos.

Y era lógico pero no lo veía. Las vanguardias, los revolucionarios, la avanzadilla intelectual, el motor de la historia, es un grupo reducido y siempre lo ha sido. Así funciona el progreso. El común de los mortales vive envuelto en sus creencias, persiguiendo la zanahoria con el palo como el resto de los mamíferos. Hacen sus vidas, comen mejor o peor, duermen más o menos, miran un canal de televisión u otro, eligen un equipo, compran ropa, llegan a fin de mes o no, creen en Dios o dudan un poco, toman el sol, van de vacaciones, pasean, se conforman con lo que hay.

Sus opiniones, siempre derechistas, son las que priman. Muchos se empeñan en aconsejar que la política no entre en las conversaciones. Lo que no quieren es oír nada de política de izquierda: nada que tenga que ver con el avance de las costumbres, la justicia social, la libertad, la crítica o la denuncia. Mientras tanto, continúan lanzando al aire sus comentarios retrógrados, porque es lo corriente, lo mayoritario, lo impuesto, lo normal.

Los normales te cuentan con soltura sus experiencias, invariablemente teñidas de una fina y amable capa de racismo, sexismo, homofobia, belicismo, paraciencia y conspiranoia. Suelen ser campechanos, viva la gente, la hay donde quiera que vas. Su concepción del arte y la cultura es de tómbola; su visión de futuro es nula; su interés por lo abstracto, por el pensamiento, por la vida interior, por la humanidad, inexistente.

En mi burbuja, en mis decisiones vitales de compañía y disfrute, los normales han solido ser elementos aislados, curiosidades, fenómenos de feria, porcentaje desdeñable. Pero era todo al revés. Se ha pinchado la pompa de jabón y ahora vislumbro ante el horizonte el inmenso latifundio repleto de normalidad, donde los excéntricos son sólo lunares sobre una piel uniforme, uniformizada e uniformada.

Yo confieso. Los árboles no me dejaban ver el gimnasio.

jueves, 4 de junio de 2020

Picoletos y obviedades


La Guardia Civil es un grano de pus ultraconservador en el Estado español, igual que lo son los demás cuerpos de seguridad: policía y ejército. Quizás en algún otro país esto no sea así en parte, pero en España sí. Algunas personas pueden pensar que lo de ultraconservador es anacrónico, puesto que, según ellos, ya no existen las derechas y las izquierdas.

Pero la diferencia entre conservador y progresista está vigente, por cuanto define ideologías, actitudes y sentimientos bien diferenciados. Antes de todo, y como respuesta preventiva, diré que hablo de posturas teóricas: muchas personas que se dicen de izquierdas no lo son, y quizás viceversa. Lo que sí está claro siempre es que quienes se autodefinen como neutrales, apolíticos o equidistantes son inequívocamente de derechas, como se verá.

Un rasgo humano característico es la toma de conciencia de pertenecer a una especie. Esto es también propio del resto de vertebrados, y en nuestro caso formamos eso que se llama sociedad. A más desequilibrio social, menos justicia social. Para las personas de izquierdas, la búsqueda de la igualdad es un hecho natural, positivo y deseable. Tanto en el reparto social de la riqueza como en el resto de factores: oportunidades, bienestar, felicidad.

Desde la derecha se sostiene, abiertamente o no, que la desigualdad es necesaria, que la única ley es la del más fuerte y que la felicidad se consigue a base de enajenar la de los demás. Sólo hay dos rasgos que explican un posicionamiento derechista: la mala intención y la ignorancia, que cuando van unidos producen sujetos ultraderechistas, como los miembros de la Guardia Civil, etc.

Otra de las cosas que definen a una persona de izquierdas, además del citado humanismo, es la tendencia a corregir lo injusto, mediante la lucha en sus diferentes manifestaciones. Cuando esto se produce de modo colectivo, se llama revolución. Puede ser cruenta o no, pero siempre se choca contra el muro de la fuerza del bloque derechista.

Y llegamos a la postura de los neutrales. En su infinita ignorancia, no se reconocen como derechistas. Argumentan con palabras huecas y frases baratas. Dicen que a una persona no se le puede juzgar por su ideología; por supuesto que se puede: si es de derechas, es egoísta, se desentiende del común, de lo público, de su propia especie. Dicen también que todas las ideologías son un engaño; y lo son las que apuntalan la injusticia, no las que defienden la libertad, la igualdad y la fraternidad. Estas personas que no quieren tomar partido ya lo han tomado: en el bando de los villanos, porque no creen en el progreso, ni en la mejora de las condiciones sociales.

Si se opta por la equidistancia, se está haciendo política, y es de derechas. Se está negando la construcción de un mundo mejor, más sostenible, más igualitario, más habitable. No hay postura política más conservadora que la de quienes dicen vivir al margen de la política, mientras todo lo que sucede a nuestro alrededor es consecuencia de ella, puesto que nuestras sociedades se rigen por leyes escritas por políticos representantes del pueblo.

Hay quienes defienden que son izquierdistas en lo social y derechistas en lo económico. Eso ya es el colmo. La economía es la aplicación práctica de la ideología: se trata del reparto de los recursos para satisfacer las necesidades colectivas. Según se haga ese reparto, se avanzará más o menos en justicia social.

Otro argumento de los ignorantes es el de que hay personas de derechas que son generosas, amables y cívicas. Por supuesto que sí, del mismo modo que, en algún momento de la historia, casi con toda seguridad hubo un guardia civil, un policía, un militar, un sacerdote, un empresario, un banquero o un notario bienintencionados. Lo que está claro es que progresar es ir hacia adelante, mejorar, mientras que conservar es quedarse atrás, empeorar. Izquierda: libertad y apoyo a los desfavorecidos; derecha: coacción y mantenimiento de privilegios de clase.

lunes, 18 de mayo de 2020

De Anguita a Piccoli


Muere Michel Piccoli y el mundo pierde al gentleman francés por antonomasia. Había trabajado para todos los directores de cine del siglo XX. Dos papeles perfectos, de los cientos, por resumir: el del amigo libertino de Catherine Deneuve en Belle de jour de Buñuel, y el de protagonista de Habemus Papam, de Nanni Moretti. Hace 16 años me fui al sur de Francia con Jesús Cuartero y nos alojamos en un apartamento donde todo recordaba a Michel Piccoli. El propio Cuartero era como un trasunto suyo, o de sus personajes. Hoy sé que aquella escapada lluviosa era la metáfora de la huida de mí mismo, en un momento clave de mi vida. En ese viaje rodamos nuestro cortometraje Piccolinadas, una humorada experimental. En España se habían vivido los años de hierro del aznarato, y en el mundo todas las gentes de bien se manifestaban contra la guerra, en las concentraciones más numerosas jamás vistas. El comunista Julio Anguita era el coordinador de Izquierda Unida y todo el mundo le quería pero casi nadie le votaba. Funesto vicio el del aprecio a personas públicas concretas y no a sus ideologías. Aún caliente el cadáver de Anguita, estos días hay mucha tropa derechista que declara su admiración por el personaje. Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen, dijo entonces el califa rojo, ante el asesinato de su propio hijo en Bagdad. Pocos años antes, mi amigo cínico Ángel Vallés me afeó que yo le contara cuál era la canción preferida de Anguita: Venecia sin ti, de Charles Aznavour. También era la de mi padre, muerto en 1990. Ángel creyó que le estaba ensalzando al ex alcalde de Córdoba. Lo que yo hacía era un ejercicio sentimental. Aznavour murió el año pasado, y de algún modo era de la misma estirpe que Piccoli. Buñuel, Aznavour, Anguita, Piccoli, mi padre. Francia, Zaragoza, esa Córdoba que visité por primera vez porque tenía alcalde comunista, la chanson, el cine de autor, mis amigos, la muerte.

domingo, 26 de abril de 2020

La versión de Dune de 2012


Dune es una película de ciencia ficción dirigida por David Lynch en 1984, de dos horas de duración. El montaje fue ajeno a Lynch y éste renegó de la obra. Un fan hizo un nuevo montaje de tres horas en 2012, añadiendo escenas eliminadas y reordenándolo todo. Se tiene como la mejor versión, aunque sea no oficial.

El archivo del montaje de 2012 se puede encontrar en buena calidad en servidores Torrent. Se llama Dune (1984) Alternative Edition Redux [fanedit][MKV-FLAC-SUBS]. Incluye subtítulos en castellano.

Si no se considera importante la calidad del visionado, esta versión también se encuentra en Youtube, con el nombre Dune (1984) Alternative Edition Redux fanedit y también con subtítulos activables en castellano.

jueves, 23 de abril de 2020

Chica yeyé. Comentario de texto



No te quieres enterar que te quiero de verdad y vendrás a pedirme de rodillas un poquito de amor. Pero no te lo daré porque no te quiero ver, porque tú no haces caso ni te apiadas de mi pobre corazón. Búscate una chica, una chica yeyé, que tenga mucho ritmo y que cante en inglés. Que tenga el pelo alborotado y las medias de color, una chica yeyé que te comprenda como yo. No te quieres enterar que te quiero de verdad y vendrás a pedirme y a rogarme, y vendrás como siempre a suplicarme que sea tu chica, tu chica yeyé.

Antonio Guijarro Campoy (letra) y Augusto Algueró (música), 1965.


La música yeyé fue una corriente desenfadada del pop de los años 60, con canciones bailables. La actriz Concha Velasco popularizó Chica yeyé, un tema paródico que ponía voz a las adolescentes de la época, compuesto originalmente para Luis Aguilé e inserto en la banda sonora de la película Historias de la televisión (José Luis Sáenz de Heredia, 1965).

La protagonista de la canción comienza su alocución dirigiéndose a su pretendiente. Le recrimina que él no se quiere enterar de que ella le quiere de verdad, asegurando que, sin embargo, no va a entregarle su amor, porque no lo quiere ver.

Ella le quiere, pero no piensa corresponderle. Todo indica que la chica está dolida con él, porque siente que no le hace el suficiente caso. Ella asegura que él se arrodillará para conquistarla, pero no obtendrá resultado alguno.

A continuación, le sugiere que busque a una chica yeyé. Esto deja claro que ella no es una chica yeyé. Las chicas yeyés, detalla, tienen ritmo, cantan en inglés, mantienen su pelo alborotado y llevan medias de color. Ella no.

Añade que esa chica que él ha de buscar ha de comprenderlo, como hace ella. Esto sugiere que, en el fondo del asunto, lo que le pasa a la protagonista es que ha tenido alguna experiencia previa con él al respecto. El chico ha denotado un interés previo por las chicas yeyés, y eso no ha gustado nada a la chica, que se muestra enfadada.

Tras todas estas reflexiones, ella infiere que él va a rogarle que sea su chica yeyé. Parece que ella tiene claro que él quiere que se transforme en chica yeyé, cosa que en principio no va a hacer.

Sin embargo, y respondiendo al tono paródico de la letra, la canción es interpretada con ritmo de música yeyé. La propia protagonista está demostrando que, pese a no ser una chica yeyé, se comporta como tal, lo que nos lleva al principio de su reflexión, cuando aclara que lo quiere a él de verdad.

Tras el tono irónico del texto encontramos la plasmación de dos temáticas. Por un lado, el contexto social, en una España franquista con un tímido aperturismo de las costumbres, heredado del exterior. Y por otro lado, el eterno tema de las relaciones amorosas, en las que se produce siempre un difícil intento de equilibrio. Sin olvidar el papel de la mujer, en una composición escrita por un hombre, donde se acaba ridiculizando el carácter supuestamente contradictorio de las damas.

La canción resultó un éxito fulminante, gracias a la excelente interpretación de Concha Velasco, y su memoria perdura hasta nuestros días, con incontables versiones posteriores.

domingo, 29 de marzo de 2020

Microhistoria del progreso


Ahora que en el Gobierno de España hay una coalición, en la que confluyen dos grupos ideológicos, se está reproduciendo a pequeña escala la historia de los avances políticos. Los partidos más a la izquierda han reivindicado tradicionalmente asuntos que, tiempo después, ha sido convertidos en ley y admitidos de manera general.

Así, la progresiva igualdad de derechos de la mujer, el divorcio, el aborto, la eutanasia, las medidas ambientales… Reivindicaciones que, poco a poco, pasan de radicales a sensatas.

Eso es lo que sucede estos días de confinamiento con las medidas gubernamentales. Las peticiones del ala izquierdista del Gabinete tardan una o dos semanas en ser aplicadas para, por un lado, frenar el avance del coronavirus, y por otro, que las repercusiones de la crisis sanitaria golpeen lo menos posible a las capas más humildes.

Esto ha ocurrido con las sucesivas modificaciones en el estado de alarma, que han pasado de ser propuestas del grupo de Unidas Podemos a su asunción por parte de la presidencia del Gobierno, en manos del PSOE. Medidas de ayuda económica para los trabajadores y las pequeñas empresas, aumento del confinamiento, moratorias de alquiler o incluso la renta mínima, se van incorporando al escenario.

Inmersos en un apocalipsis de andar por casa, los que miramos la evolución social desde un punto de vista humanista e izquierdista estamos asistiendo a la confirmación comprimida de las tesis más optimistas, que dan la razón a la razón. En este contexto, la actitud de los países europeos más ricos no es más que una patada a la lógica, desde la previsible posición de superioridad de los poderosos. Pero esa es otra historia, claro. La del progreso, no.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Presentación libro "Memoria visual de Zaragoza. Los sombríos años 40"


El jueves 27 de febrero de 2020 a las 19 h, en la sala Pilar Sinués del Edificio Paraninfo, plaza Paraíso 4, Zaragoza, se presenta el libro Memoria visual de Zaragoza. Los sombríos años 40, editado por El Periódico de Aragón.

Desde 2014, el proyecto GAZA, Gran Archivo Zaragoza Antigua, creado por José María Ballestín Miguel y Antonio Tausiet, compila y ordena miles de referencias visuales de la ciudad de Zaragoza. Este libro es una selección de fotografías de ese archivo, acompañadas de comentarios redactados para la ocasión.


Un recorrido por la ciudad, los barrios y algunos aspectos de su economía y sociedad en la década de los 40, cuando en España se estaba conformando el denominado primer franquismo. Una época de Dictadura, aislamiento internacional, autarquía, racionamiento y dura represión, que en Zaragoza se vivió además en un ambiente de exacerbado nacionalcatolicismo: los sombríos años 40.

Ver artículo sobre la presentación
Ver artículo sobre el libro con anuncio para TV
Escuchar entrevista a José María Ballestín por Manuel Alcaine

Se trata del quinto volumen de la colección, tras Los grises años 50, Los prodigiosos años 60Los convulsos años 70 y Los flamantes años 80.
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