lunes, 22 de abril de 2019

El agujero de lado


Hace unos días se publicó la primera foto de un agujero negro y parece que tuvieron la suerte de tomarlo de lado, porque el disco de acrecimiento brillante más allá de su horizonte de sucesos no tapa la zona del agujero en sí.

Para mí lo más curioso de esa imagen es que el disco de acrecimiento es como un anillo, o al menos tubular, por lo que digo de que se ve el círculo redondo negro al que rodea. Supongo que es algo así como los anillos de Saturno, que no lo cubren por completo sino sólo como un cinturón.

Todo esto lo digo porque nos iban insistiendo en que un agujero negro no es como un agujero en el suelo, sino como un objeto esférico en tres dimensiones, sólo que al revés. Pero parece que depende de dónde te pongas en las afueras del agujero, o estás dentro de su anillo o tubo brillante, o estás en la parte desde la que se ve la bola negra, que parece ser la posición de los fotógrafos terrícolas.

Otra cosa es que, como la luz tarda un segundo en recorrer 300.000 km, y el agujero fotografiado está a 55 millones de años luz, lo que vemos en la foto es el estado del agujero hace 55 millones de años. Así que vete a saber cómo está ahora, aunque estará parecido, porque los agujeros negros viven mucho tiempo, algo así como millones y millones de veces el corto tiempo, en comparación, que ha costado en llegar su imagen hasta nosotros.

Estas cuestiones pueden parecer algo complejas, pero no son nada comparadas con otros aspectos de los agujeros negros, o si no véase:

"En un espacio-tiempo compacto no hay una manera adecuada y general de definir qué condiciones debe cumplir una región para ser considerada un agujero negro. En espacio-tiempos no compactos se requieren algunas condiciones técnicas para decidir si una región es un agujero negro; así se dice que en un espacio-tiempo asintóticamente plano y predictible (que contiene una hipersuperficie de Cauchy que satisface ciertos requisitos), se dice que hay una región de agujero negro si el pasado causal de la hipersuperficie de tipo luz situada en el infinito futuro no contiene a todo el espacio-tiempo. Eso significa que dicha hipersuperficie es inalcanzable desde algunos puntos del espacio tiempo, precisamente aquellos contenidos en el área de agujero negro. La frontera del pasado causal de la hipersuperficie de tipo luz futura es el horizonte de sucesos".

sábado, 20 de abril de 2019

La trilogía primigenia de Scorsese



Martin Scorsese (Nueva York, 1942) es ese director católico de ascendencia italiana que lleva gafas de pasta y tiene la nariz grande, y que en los años 70 formó parte de un grupo de nuevos talentos del cine estadounidense integrado también por Coppola, Brian de Palma, Spielberg, George Lucas o Ridley Scott. Ha dirigido películas de temáticas muy variadas, pero se le conoce sobre todo por su representación de los bajos fondos neoyorkinos, entorno en el que creció.

Aunque ya había realizado dos largometrajes, su primer éxito llegó con Malas calles en 1973. Tras otra película, entregó la quinta, Taxi Driver, en 1976, el segundo pilar de una trilogía que, de nuevo con una impar, la séptima, completó con Toro salvaje (1980). Las tres cuentan con Robert de Niro (con el que filmará en los 90 otra trilogía) y están ambientadas en el citado entorno más atribuible al director.

Si bien la primera es un ejercicio de estilo bastante apreciable, Scorsese demuestra en las dos siguientes que ya era entonces, como sigue siendo ahora, un director de cine mediocre. Nadie le puede negar que es un cinéfilo y un melómano, como demuestra en sus entrevistas y documentales. Pero su fama de director grandioso es una absurda mentira.

1973 Malas calles (Mean Streets)
Cójase el mejor cine de Godard, llévese a los barrios bajos de Nueva York, aplíquese nervio estético y pulso narrativo, y obténgase una película brillante. Protagoniza un joven Harvey Keitel, que quiere ascender en su mundo mafioso mientras protege a su primo, un Robert de Niro desequilibrado y tarambana. Todo encaja en este puzle de música, peleas, gángsteres, chicas, coches, religión y osadía. Scorsese demostró que era uno de esos chicos formalitos que esconden un gamberro dentro.

1976 Taxi Driver
Robert de Niro es un taxista neoyorkino con serios problemas mentales que van creciendo a medida que avanza la trama. De Niro muestra sus dotes para la interpretación, Paul Schrader escribe un guion sucio y patético, y Scorsese filma con estilo. Pero se aburren hasta las ovejas. El ambiente sórdido de las calles y sus personajes no levanta el vuelo. Un pequeño pufo. Eso sí, considerada una obra maestra.

1980 Toro salvaje (Raging Bull)
Tercera y última de las colaboraciones Scorsese-de Niro con éste interpretando el papel de un tarado neoyorkino, en este caso boxeador. Su hermano (Joe Pesci), un imbécil, ejerce de mánager. Puñetazos en blanco y negro, gente amargada, grandes interpretaciones que no sostienen el resto, y ya está.

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