lunes, 1 de octubre de 2018

Proceso al azar



En el Museo Dalí de Figueras se celebró un congreso científico y filosófico en noviembre de 1985 con el nombre de Proceso al azar. Cultura y ciencia: determinismo y libertad. Lo coordinó el científico y divulgador español Jorge Wagensberg (1948-2018), director del Museo de la Ciencia de Barcelona entre 1991 y 2005.

En el simposio participaron, además de Wagensberg, seis prestigiosos expertos:

Peter Landsberg (1922-2010), físico alemán, y filósofo científico preocupado por la entropía. La Eficiencia de Landsberg indica la conversión más alta posible de energía solar en eléctrica.

Gunther Ludwig (1918-2007), físico y filósofo alemán experto en mecánica cuántica.

René Thom (1923-2002), matemático francés. Ver Teoría de las catástrofes en Notas.

Evry Schatzman (1920-2010), astrofísico francés especializado en la estructura de las estrellas.

Ramón Margalef (1919-2004), biólogo español que aplicó la teoría de la información a la ecología.

Ilya Prigogine (1917-2003), químico ruso, premio Nobel en 1977 por formular las estructuras disipativas.

Con sus ponencias y debates se publicó un libro colectivo (Tusquets, 1986) y una caja de DVD con las grabaciones efectuadas por Gonzalo Herralde (Editrama, 2008), con resúmenes disponibles en Youtube desde 2017. Todos los intervinientes han fallecido.

En la inauguración del evento se leyó un texto de saludo del anfitrión, Salvador Dalí, titulado El Enigma Estético, mientras el pintor, de 81 años, seguía las jornadas por un circuito cerrado de televisión. Cuando los científicos se acercaron a saludarle, Dalí recomendó a Thom y a Prigogine que hicieran las paces, tras observarlos discutiendo en las jornadas. Este es el texto que escribió, al que he añadido siete notas aclaratorias:

El Enigma Estético

Amigos, meditad y tened en cuenta el gran honor que nos hacen los sabios y científicos al traernos sus últimos conocimientos bajo la Cúpula del Museo.

Considerad y meditad que el propio Leibniz quiso continuar el Arte Combinatorio de Raimon Llull, el Doctor Iluminado; las ruedas combinatorias funcionaban gracias a un hilo rojo que las atravesaba por el centro y que estaba cosido al pergamino, y, de Noche, decía que, si se tenía la costumbre, continuaban rodando y combinándose en el Sueño, como las ruedas del Fuego Ardiente, tal y como quería Heráclito el Oscuro.

El fenómeno Estético está estrechamente ligado a la Historia de la Ciencia, aunque sólo sea por el mero hecho de que en ambas se da la elección experimental.

Saliendo de las tinieblas medievales de Raimon Llull, que era un poeta, reencontramos la plena luz, cuyo estudio científico inicia el Príncipe de Broglie, otro poeta. El largo debate entre la Teoría Ondulatoria y la Teoría Corpuscular llegó a la siguiente conclusión: la luz es la vez onda y corpúsculo.

En la termodinámica, la dualidad contenida entre la entropía y la neguentropía se convierte en el filosóficamente comprensible principio de indeterminación de Heisenberg.

Después de Heisenberg y de su principio de indeterminación, sabemos que existen átomos encantados, toda vez que el encanto es una propiedad de ciertos átomos.

No es posible encontrar una noción más estética que la reciente Teoría de las Catástrofes de René Thom, que se aplica tanto a la geometría del ombligo parabólico como a la deriva de los continentes. La teoría de René Thom ha encantado todos mis átomos desde el día en que empecé a conocerla.

Notas:

Leibniz: filósofo y matemático alemán (1646-1716) que escribió Disertación acerca del arte combinatorio, inspirado en el Ars Magna de Ramon Llull.

Ramon Llull: filósofo místico mallorquín (1232-1315) que intentó combinar teología y filosofía con la ayuda de una máquina de su invención.

Heráclito: filósofo de la antigua Grecia que creía que el fundamento de todo era el cambio constante, procedente de la contradicción y simbolizado en el fuego.

Luis de Broglie: físico francés (1892-1987) premio Nobel en 1929 por su descubrimiento de la naturaleza ondulatoria del electrón: las partículas pueden ser onda y corpúsculo a la vez.

Entropía y neguentropía: la entropía determina la organización de un sistema; la neguentropía o entropía negativa fue propuesta por Schrodinger en 1943 como la tendencia de un sistema natural a modificarse según su estructura. Se suelen identificar como desorden y orden.

Principio de indeterminación: enunciado por Heisengerg en 1925, afirma que no se puede medir a la vez la posición y el movimiento de una partícula. Es uno de los fundamentos de la mecánica cuántica, que entra en contradicción con la física clásica.

Teoría de las catástrofes: el matemático francés René Thom formuló en 1969 que los sistemas estables son propensos a manifestar discontinuidad. Un factor minúsculo puede provocar un cambio brusco e irreversible. Se aplica en geología, en biología y en sociología. Dalí encontró concomitancias entre su fijación por la estación de Perpignan y las teorías de Thom.

La teoría de las catástrofes formula siete rupturas o catástrofes elementales: pliegues, cúspides, colas de golondrina, mariposas, ombligo hiperbólico, ombligo elíptico y ombligo parabólico. Toda una poesía matemática que a Dalí le vino como anillo al dedo para engarzar con sus obsesiones paranoico-críticas.

En primer lugar, la estación de Perpignan se convertía en el punto exacto en del que se reunían el mito del rapto de Europa (el toro sería la península Ibérica) y la deriva de los continentes. Así lo explicaba Dalí en la revista Época (29-4-1985):

Desde hace muchos años (y la cosa sigue sucediéndome), siempre que contemplo el mapa de Europa mi dedo índice se lanza instintivamente y se fija en un punto concreto entre las ciudades de Salles y Narbona. Partiendo de esta experiencia reveladora, siempre he afirmado que las fuerzas tectónicas que sostuvieron a Europa, cuando se produjo la disgregación de los continentes, actuaron en esa concreta zona. Muchos lo tomaron a broma hasta que Thom, uno de los grandes matemáticos contemporáneos, ha venido a darme la razón situando el lugar exacto en Perpignan.

Además, durante los años ochenta y hasta el final de su vida, sus cuadros se centraron en estas cuestiones. Así, El Escorial y caligrafía catastrofeiforme (1982), Contorsión topológica de figura femenina convirtiéndose en violonchelo (1983), El rapto topológico de Europa. Homenaje a René Thom (1983), y la Serie de las catástrofes, que incluye su último lienzo, La cola de golondrina (1983). También escribió veintinueve páginas de un Tratado de escritura catastrofeiforme (1982), pendiente de editar.


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