jueves, 13 de octubre de 2011

Ella no lo sé


Fumando en el tren, cuando se fumaba en los trenes. Yo estoy a favor. Una mujer me pidió fuego en un tren una mañana de agosto y le dije que quedáramos en octubre y apareció. No la volví a ver, pero si no se hubiese fumado en los trenes yo no sería el mismo y ella no lo sé. Era quizás 1986.

Ahora es malo que los niños sepan de la muerte, que los bares sepan del tabaco, que los trenes sepan del trayecto, que los cantantes sepan del lenguaje, que los pueblos sepan del pasado.

Ahora y siempre. No hay un hoy fatal y un ayer rememorable, excepto en experiencias personales concretas. Hoy no es peor, nunca, excepto para los nostálgicos pesimistas de siempre.

Todas estas reflexiones no son más que excusas para poner la foto de Dylan con sus gafas icónicas. Las mismas que me compré el otro día para disfrazarme en el metro de Barcelona después de elegir entre decenas y ahora veo que venden en Zaragoza por todas las esquinas.

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