La gran cisterna romana de Zaragoza

Las cisternas romanas eran depósitos artificiales de agua dulce, normalmente subterráneos o semisubterráneos, pero también en altura, construidos para almacenar y distribuir agua de acueductos, manantiales o lluvia. Diseñadas con techos abovedados, paredes de ladrillo u hormigón y revestimientos impermeables de opus signinum (un mortero hidráulico hecho de cal, puzolana volcánica y áridos), las cisternas demostraron el dominio romano de la hidráulica y la ciencia de los materiales, ya que a menudo contenían miles de metros cúbicos de agua al tiempo que minimizaban la evaporación y la contaminación.

Foto Francisco Escudero, 1991.

La mayor cisterna romana hallada en Zaragoza, excavada entre 1990 y 1991, se ubicaba en el actual entorno de la plaza de las Eras, concretamente en el solar que ocupa el actual edificio de la calle de Manuela Sancho 50, construido en 2001. Ese solar, en forma de “L”, estuvo ocupado antes de su excavación por edificaciones situadas entre la actual calle del Asalto 69 y la de Cantín y Gamboa 34, junto al convento de las Madres Clarisas Capuchinas (1877-1973) de la calle de Manuela Sancho 40.

Foto aérea actual de la zona. El patio interior del centro es el que se ve a la derecha en la imagen de 1991. 

El periodista Mariano García publicó en Heraldo de Aragón el 10 de enero de 2026 un artículo en el que divulgaba el estudio de Francisco de Asís Escudero Escudero y María Pilar Galve Izquierdo sobre La cisterna romana de la plaza Eras de Zaragoza y otras cisternas y depósitos de Caesaraugusta, incluido en el libro Aquae Urbium. El ciclo urbano del agua en la Hispania romana (Editorial Universidad de Sevilla, 2025). En ese estudio los autores destacan que la cisterna, construida a finales del siglo I o comienzos del II, es la más importante hallada en Zaragoza, debido a sus grandes dimensiones.

Plano catastral de la zona, con el edificio de Manuela Sancho 50 resaltado.

Pese a que su planta rectangular no se halló completa, de los restos se infirió que tuvo una superficie cercana a los 90 metros cuadrados. Estaba construida con opus caementicium (hormigón romano), y sus muros tenían un grosor de al menos dos metros. Eso hace suponer que el edificio era de altura considerable, que lo haría visible desde gran parte de la ciudad. Un tubo de plomo conservado, por el que desaguaba la cisterna, se hallaba a cierta altura, lo que confirmaba la función de decantación de la estructura, dejando en el fondo del depósito las impurezas.

El agua almacenada provendría de un castellum aquae (cisterna principal), situado posiblemente al sur de la ciudad, en el actual eje del paseo de la Independencia. Contrariamente a la tesis defendida hasta ahora, ello confirmaría que el agua de boca de la ciudad provenía del río Huerva, y no del Gállego. También se han encontrado otras cisternas menores que los autores citan en su estudio, como una cercana en la calle de Cantín y Gamboa, la del teatro romano y las de las plazas de Santa Cruz y San Felipe.

Actual entrada al inmueble de Manuela Sancho 50.

Cuando se halló la cisterna, los arqueólogos creyeron que sería conservada, por su relevancia. Sin embargo, en 1999 supieron que se iba a construir allí un bloque de viviendas y solicitaron al Gobierno de Aragón que se excavase el nivel inferior para fijar algunos datos. No obtuvieron respuesta.

Artículo de Mariano García en Heraldo de Aragón.

El caso de la gran cisterna se viene a sumar a los de otros múltiples hallazgos arqueológicos de relevancia destruidos en la ciudad, como el de la muralla ibérica de Salduie, el templo romano de la plaza del Pilar, la domus de la calle Heroísmo o la necrópolis romana oriental, por citar algunos ejemplos.

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