Acordes y desacuerdos
Acordes y desacuerdos
Por Antonio Tausiet
A lo largo de su filmografía, Woody Allen ha homenajeado el
cine de los grandes maestros, como Bergman o Fellini. En el caso de este
último, realizó Recuerdos en 1980,
como su propia versión de Ocho y medio,
y Acordes y desacuerdos, de 1999,
inspirada parcialmente en La Strada,
donde Fellini contaba la historia de un forzudo que adopta a una joven de pocas
luces.
El esquema narrativo es el de una comedia dramática, mezcla
de ficción y falso documental, introduciendo supuestos testimonios de expertos
en el personaje principal, un guitarrista de jazz de los años 30 inventado por
Allen, que habría sido el mejor tras Django Reinhardt.
Dicho protagonista, encarnado por Sean Penn, además de
músico es proxeneta, jugador y borracho. La música original y los arreglos de
las piezas están a cargo de Dick Hyman, que ha trabajado en once filmes de
Allen, e incluye temas de Django Reinhardt. El guitarrista que dobla la música
a Sean Penn es Bucky Pizarelli.
El contrapunto entre el virtuosismo del guitarrista y su personalidad
desastrosa es la clave argumental que crea la comicidad de la película, también
con su buena dosis de amargura dramática. Pero el hallazgo más relevante es el
de su pareja, una encantadora y peculiar joven interpretada por la actriz
británica Samantha Morton. Por otro lado, Uma Thurman tiene también un papel significativo
en la segunda mitad del metraje.
Los dos aspectos temáticos más importantes son, por un lado,
el protagonismo de la música de jazz clásico, que pasa de ser banda sonora en
toda la filmografía de Allen a cobrar protagonismo argumental en esta. Y por
otro lado, la tesis de que sólo se puede alcanzar la excelencia creativa como
artista trasladando tus emociones genuinas a la obra.
Woody Allen llevaba entregando producciones muy buenas
durante tres décadas, y esta no fue de las mejor recibidas, porque en
comparación se quedaba algo corta. Sin embargo, es una obra muy estimable, que
da paso en su filmografía a una etapa más irregular, durante el último cuarto
de siglo, con hitos como Match Point,
de 2005 o Medianoche en París, de
2011. En mi opinión, sin bajar el listón en ningún caso de la excelencia que
caracteriza a este director, uno de los más importantes de la historia del
cine.
(Texto que redacté para
la proyección de la película en la Filmoteca de Zaragoza el 30 de octubre,
dentro del ciclo Jazz Cinema 2024. La presentación y el coloquio posterior estuvieron
a cargo del músico y compositor de jazz Chus Fernández y yo mismo).
Ver también:
Woody
Allen, al humor por la lucidez (filmografía)
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