domingo, 29 de octubre de 2017

Aki Kaurismaki, interesante rollero patatero


El más conocido director finlandés es un ateo curioso, amante del alcohol y del tabaco. Con 18 películas largas de ficción, se ha ganado su fama a base de presentar personajes en principio comunes, pero que atesoran una vida interior extraña y atrayente.

La gente de sus filmes es hierática, casi siempre bondadosa y levemente extravagante. Kaurismaki combina la crítica social con el humor seco, dando como resultado un cine totalmente personal, en el que se transparenta su idiosincrasia anticapitalista y contraria a la política antisocial de la Unión Europea y al imperialismo de los Estados Unidos. “Soy borracho, soy rocker, soy comunista”, declara el finés. Cine en apariencia frío y distante, pero con carga de profundidad. En un primer acercamiento, rollo patatero. Si se ve con atención, un diamante fino.

Según sus propias declaraciones, los dos maestros indiscutibles del cine son Luis Buñuel y Yasujiro Ozu, aunque también admira a Robert Bresson, a Víctor Erice y a Jim Jarmusch, sin olvidar a Charles Chaplin.

Fiodor Dostoyevski, el gran escritor ruso del XIX, pasó del nihilismo al ascetismo, abordando en sus obras temáticas sociales. Con su realismo psicológico, es precursor del existencialismo e influencia del surrealismo. Aki Kaurismaki, cuya trayectoria se puede describir con las similares palabras, estrena su filmografía de ficción adaptando la novela de Dostoyevski Crimen y castigo (1866). Éstas son mis fichas de sus películas:

Crimen y castigo (1983)***
Adaptación libre de la novela, situándola en el Helsinki contemporáneo. Comienza con una escena en un matadero, como El bruto (1952), de Luis Buñuel. Un hombre comete un asesinato y vemos su vida diaria posterior. El castigo, en la obra original, es la conciencia; en la película este aspecto se diluye. Cine negro en color, sin asomo de comedia.

Calamari Union (1985)*
Un grupo de tipos en el que todos se llaman Frank se pone de acuerdo para ir al otro lado de la ciudad de Helsinki, donde pretenden vivir mejor. Comedia absurda en blanco y negro sin pizca de gracia. Un truño.

Sombras en el paraíso (1986)***
Primera parte de la trilogía del proletariado. Un basurero y una dependienta se conocen en Helsinki y tienen un romance distante, raro y alucinado. Pero a la vez normal. Se ve con interés, sobre todo porque pone la lupa en la gente urbana pobre y sienta las bases del cine de Kaurismaki.

Hamlet va de negocios (1987)**
Shakespeare en nuestros días, y en blanco y negro. Hamlet es hijo de un rico empresario que muere envenenado y la trama se desarrolla más o menos como en la obra original. Con algún toque humorístico, pero totalmente prescindible.

Ariel (1988)****
Fenomenal segunda parte de la trilogía del proletariado. Un hombre se traslada del pueblo a Helsinki para buscarse la vida, pero va de tropiezo en tropiezo. Aunque conoce a una divorciada con hijo y los tres se unen en una aventura esperanzada representada en un barco con el nombre de la película.

Las manos sucias (1989)**
Adaptación televisiva de la obra de Sartre. Este drama ya había sido rodado en 1978 por Elio Petri en una serie de cuatro horas, con Marcello Mastroiani. Un intelectual comunista, trasunto de Hamlet, sale de la cárcel y rememora un antiguo asesinato. Reflexión sobre moral y política, posibilismo y activismo, rodada con desgana.

Leningrad Cowboys van a América (1989)**
Divertimento en torno a un grupo de música polka-rock creado para la ocasión. Viajan de Siberia a México, pasando por Estados Unidos. Música divertida, película ni fu ni fa.

La chica de la fábrica de cerillas (1990)***
Tercera entrega de la trilogía del proletariado. Una joven operaria de triste vida acaba tomándose la justicia por su mano. Casi muda, gélida, monótona, curiosa.

Contraté un asesino a sueldo (1990)***
Jean Pierre Léaud, el joven de Los 400 golpes, es un hombre despedido de su trabajo que contrata un asesino para que lo mate. Rodada en Londres y en inglés. “Los proletarios no tienen patria”. Entretenida.

La vida de bohemia (1992)****
Adapta en un bello blanco y negro y en francés el libro de relatos costumbristas del escritor del XIX Henri Murger. Las peripecias parisinas de un escritor, un pintor y un músico. Humana, humorística y encantadora.

Toma tu pañuelo, Tatiana (1993)***
Tranquila road movie de una hora en blanco y negro con dos finlandeses tímidos que cuando prueban una cafetera portátil conocen a una estonia y una kazaja. Sosa, pero con todos los elementos del cine de Kaurismaki: humor gélido, música variada, cotidianeidad absurda.

Leningrad Cowboys encuentran a Moisés (1994)**
Cinco años después, “el peor grupo de rock del mundo” sigue en América. Su antiguo mánager reaparece como Moisés para guiarles de vuelta a la Unión Soviética, pasando por Europa. Repleta de humor absurdo pero aburrido.

Nubes pasajeras (1996)***
Primera película de la trilogía de los perdedores. Los dos miembros de un matrimonio de mediana edad se quedan en el paro. Aunque desde entonces todo les sale mal, son nubes pasajeras. Dramática, correcta, apreciable.

Juha (1999)**
Película muda y en blanco y negro que adapta la novela de Juhani Aho de 1911 sobre una joven campesina que deja a su marido para ir a vivir en la capital. Ejercicio de estilo muy bien conseguido, pero como película un peñazo total, con banda sonora irritante, además.

Un hombre sin pasado (2002)***
Segunda parte de la trilogía de los perdedores. Un hombre pierde la memoria al recibir una paliza y vive en la pobreza. Agradable de ver, con destellos de humor y crítica social.

Luces al atardecer (2006)**
Última entrega de la trilogía de los perdedores. Un guardia de seguridad es engañado para acusarle de un robo. Tristes y aburridas desgracias.

El Havre (2011)****
Primera parte de la “trilogía” de los refugiados. Un cuento moral en francés donde todos son buenos. Un chaval negro, inmigrante ilegal, es acogido por un limpiabotas en la ciudad portuaria… que no es otro que el mismo actor y personaje escritor de la película de 1992. Deliciosa.


El otro lado de la esperanza (2017)****
Segunda (y quizás última) parte de la “trilogía” de los refugiados. Uno de ellos, sirio, llega a Helsinki. Mientras, un comercial cambia de vida montando un restaurante. Sus destinos se cruzan. Crítica y humorística, de nuevo.

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