Mansedumbre



Una metáfora de la mansedumbre planificada de la ciudadanía occidental. El proceso de montar en un avión. Hace unos años aún se reflexionaba sobre la importancia de mantener la libertad por delante de la seguridad, o al menos intentar equilibrarlas. Ahora ya no.

Descalcémonos, pongamos nuestros cinturones en una palangana gastada, separemos el ordenador del resto del equipaje. Un tubo de pasta de dientes es demasiado grande, no cabe en el avión. Cuidado, ese botellín de agua es peligroso. Espere, que le humillamos aplicándole unos detectores de droga, de explosivos, de algo. Pase por aquí, que el arco ha pitado. Monedas, llaves, objetos metálicos, si es tan amable experimente un mal rato durante un buen rato. Antes ha de guardar una fila interminable en zigzag. Baile surrealista de rebaño internacional.

Nadie se queja. Hay muchos guardias civiles, ese sagrado cuerpo militar. Qué bien hacen su trabajo estos chicos, los entrenan primorosamente. Puede seguir, su foto en el carné coincide con su cara, es el protocolo habitual del reconocimiento facial. Perdone, señor policía nacional, estoy haciendo equilibrios para calzarme de nuevo. Oh, mi equipaje ha sido retirado. Una operaria observa el interior de mi frasco de desodorante. Vuelva a pasar por el arco. Espere. No se apoye ahí. Levante los brazos. Manos fuera de los bolsillos. Qué mal huelen esos chicos. Hay un ruido de fondo que imita al silencio, un murmullo vago de maquinarias escondidas, conversaciones en voz baja, requerimientos administrativos.

Satisfechos, todos recogemos voluntariamente las bandejas, como en las hamburgueserías clónicas. Hemos aprendido a desfilar en la cadena, galeotes del delito potencial, gracias por no golpearme, qué alivio. Usted, sígame un momento, es un control rutinario adicional. Voy a poner buena cara, no sea que crean que me distingo del resto de ovejas.

Hemos tenido una idea. La gente acepta sin rechistar los accesos carcelarios a las puertas de embarque de los aeropuertos: apliquemos también el método a las estaciones de tren. Cámaras de vigilancia, lectores de huellas, sistemas de detección perimetral multisensorial, identificación biométrica, la Biblia en verso.

Un ciudadano crítico, informado, lúcido, comenta que esto de la seguridad en el acceso a los transportes se está convirtiendo en un cachondeo. Agudizo mi oído creyendo que se refiere a la paranoia del pastoreo y la esquila de humanos. No: dice que muchos funcionarios de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado hacen su trabajo de verdugos de la moral con poca profesionalidad. A veces, parece ser, les pasa desapercibido algún líquido, algún objeto metálico, algún detalle con el que podrían haber vejado, por el bien común, a otro pasajero más.

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