Anagnórisis
En Sentido y
sensibilidad (Jane Austen, 1811) y en Los
miserables (Víctor Hugo, 1862) hay una hija que vive con otra familia. Tal
sucede con Eliza en la primera obra y con Cosette en la segunda. Cuando en una
narración se descubren datos acerca de la identidad de un personaje, se ha
echado mano del recurso de la anagnórisis, del griego “reconocimiento”.
En la saga de Hornblower
(C. S. Forester, 1937-1962) el protagonista cuida a Lady Bárbara, una dama
enferma que se enamora de él, como ocurre también en Los miserables con Jean Valjean y Fantine. Qué importante para el
vínculo, los cuidados. Algunos llaman a esto de enamorarse del cuidador “efecto
Florence Nightingale”, por la inventora de la enfermería moderna (1820-1910).
Entonces digo yo: hay que ver bien quién es este Víctor
Hugo, el que escribió Los miserables.
Además está lo del Diario íntimo de Adela
H. (1975), la película de Truffaut que protagoniza la hija de Hugo, y
también Notre Dame de París (Víctor
Hugo, 1831), la novela del jorobado Quasimodo. En esta última tenemos a
Esmeralda la Zíngara, que trata bien al jorobado y claro, él se enamora.
Y París como personaje. Ah, París, capital política y cultural
del mundo occidental entre 1789 y 1940. Le sucedió Nueva York: allí John Reed
formará parte del colectivo progresista que apoya la Revolución rusa, según
cuenta en su libro Diez días que
conmovieron al mundo (1919), como los republicanos parisinos que aparecen
en Los miserables de los que forma
parte Marius: tanto él como Reed, con su amada respectiva apuntalando la
narrativa: Cosette en París; Louise Bryant en Nueva York.
Todo esto nos llevaría a pensar que La bella y la bestia podría ser perfectamente de Víctor Hugo, pero
nada más lejos: se trata de un cuento tradicional, donde una figura grotesca se
enamora de una bella mujer, como luego nos contará Hugo en su Notre Dame. El cuento aparece por
primera vez en Las noches agradables
(Gianfrancesco Straparola, 1553), una recopilación pionera de cuentos de hadas.
Pero la tesis de Los
miserables es que el poder establecido se suele encargar de que los pobres
sigan siendo pobres. Y también que eso es injusto y luchar contra ello es lo
correcto. Una novela que es madre de todo Charles Dickens y de todo Mark Twain.
Vamos, que Víctor Hugo es mucho Víctor Hugo, el escritor francés más importante
y reconocido: a su entierro asistieron más de dos millones de personas. Chúpate
esa anagnórisis.
Y esta ha sido mi cháchara literaria especulativa de hoy.
Películas recomendadas para entretenerse mientras se leen o
no los textos referidos:
Sentido y sensibilidad
(Ang Lee, 1995). Con Emma Thompson, Kate Winslet, Hugh Grant y Alan Rickman.
Los miserables
(Bille August, 1998). Con Liam Neeson, Geoffrey Rush, Uma Thurman y Claire
Danes, y sin canciones.
El hidalgo de los
mares (Raoul Walsh, 1951). Sobre la saga del capitán Hornblower, con
Gregory Peck y Virginia Mayo.
Diario íntimo de Adela
H. (François Truffaut, 1975). Con Isabelle Adjani.
Esmeralda, la zíngara
(1939). Notre Dame de París, con
Charles Laughton y Maureen O’Hara.
Rojos (Warren
Beatty, 1981). Diez días que conmovieron
al mundo, con Warren Beatty y Diane Keaton.
La bella y la bestia
(Jean Cocteau, 1946). Con Jean Marais y Josette Day.
La bella y la bestia
(Gary Trousdale y Kirk Wise, 1991). La versión Disney de animación.


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