martes, 31 de diciembre de 2013

La vida corriente


Dar una velocidad no dice nada si no se especifica el sistema de referencia con respecto al cual está medida. En la vida corriente, no acostumbramos a tener necesidad de este detalle. Cuando una señal de tráfico indica 120 kilómetros por hora, se sobreentiende que dicha velocidad se mide con respecto a la carretera y no con respecto al agujero negro del centro de la galaxia.

Pero incluso en la vida corriente hay ocasiones en que debemos tener en cuenta los sistemas de referencia. Por ejemplo, si andamos a lo largo del pasillo de un avión en vuelo podemos decir que nuestra velocidad es de unos cuatro kilómetros por hora. Para los que estén en el suelo, sin embargo, nuestra velocidad será de unos novecientos cuatro kilómetros por hora.

A menos que creamos que uno u otro de los observadores tiene mejores motivos para sostener que está en lo cierto, conviene tener presente esta idea porque, como la Tierra gira alrededor del Sol, alguien que nos estuviera observando desde la superficie de dicho cuerpo celeste discreparía de ambos y diría que nos estamos desplazando a unos treinta y cinco kilómetros por segundo, por no decir cuánto envidia nuestro aire acondicionado.

Stephen Kawking y Leonard Mlodinow, El gran diseño (2010)

sábado, 21 de diciembre de 2013

Zaragoza en París


La abadía de Saint-Germain-des-Prés, situada en el actual centro de París, fue fundada por Childeberto I, rey de Francia en el siglo VI. Es el edificio religioso más antiguo de la ciudad y contiene la tumba de Descartes. Se construyó para albergar la túnica de san Vicente mártir, reliquia que fue llevada hasta allí desde Zaragoza.

El zaragozano san Vicente fue el ayudante de san Valero, obispo y patrón de la ciudad. Según la tradición, fue martirizado en Valencia y sus restos reposan en la catedral de Lisboa.

Cuando el merovingio Childeberto llegó a Zaragoza en el año 541 para conquistársela a los visigodos, aceptó dejarla en paz a cambio de llevarse la túnica de san Vicente. Según la crítica actual, el ejército franco fracasó en el primer sitio de Zaragoza. No así 1268 años después...

viernes, 6 de diciembre de 2013

Gibson o la biografía (parcial) de Luis Buñuel


Ha sido publicada la crítica de Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal. 1900-1938 (Ian Gibson, Aguilar, 2013), escrita por Carlos Calvo con la colaboración de Antonio Tausiet. Disponible en la sección Letras de El Pollo Urbano nº 140 (diciembre 2013/enero 2014):

Gibson o la biografía (parcial) de Luis Buñuel

jueves, 5 de diciembre de 2013

Bitcóin: la moneda virtual y su código ético


Con su propio signo (฿), el dinero electrónico bitcóin ya tiene un hueco entre las curiosidades de internet con posibilidad de convertirse en algo importante. Su teoría es simple: las transacciones monetarias (transferencias, compraventas...) se realizan entre particulares, sin mediación de bancos. Se ha llegado a afirmar que, del mismo modo que históricamente se produjo la separación entre Iglesia y Estado (aunque en algunos lugares aún estamos en ello), el bitcóin va a desembocar en la separación entre Moneda y Estado.

La invención y desarrollo de los bitcoines se enmarca en el movimiento denominado criptoanarquismo, versión cibernética del anarcocapitalismo, que defiende la propiedad privada, el mercado libre y la desaparición del Estado. Es, pues, un fenómeno cuyo código ético bebe de las corrientes del individualismo anarquista.

Por otro lado, el papel revolucionario de esta manera emergente de entender el comercio y sus códigos es muy claro. Si sigue creciendo a la actual velocidad exponencial, el bitcóin puede llegar a democratizar la economía, hasta el punto de que el Fondo Monetario Internacional, entidad que históricamente ha perjudicado a los países pobres, no tendría nada que hacer, puesto que la nueva moneda no goza del respaldo de ningún Estado.

Desde un punto de vista humanista, colectivista e internacionalista, la desaparición de los estados es un elemento negativo, puesto que deja al individuo débil en manos del fuerte. Los impuestos para redistribuir riqueza dejan de tener sentido y simplemente sobrevive el más dotado. Suena nazi.

Pero no se otea un horizonte de desaparición de la organización humana en colectivos, dada la condición social de nuestra especie, así que el Estado entendido como conjunto democrático regulador de las desigualdades tiene aún mucho que decir. Por lo tanto, el bitcóin puede ser una herramienta positiva, teniendo en cuenta que la monopolización del poder por parte de los mercados monetarios es un hecho creciente en nuestro mundo global. Y esos mercados y sus decisiones antidemocráticas y siempre contra los más desfavorecidos son exactamente lo contrario del supuesto soplo de libertad que nos trae el bitcóin.

Como en cualquier situación novísima, el bitcóin nos deja clavados al suelo como espectadores perplejos, que no sabemos si tomar el tren cuyo interior desconocemos o quedarnos en el andén de losas añejas, corroídas ya, que ha sido desde siempre el sostén de nuestros pies.

Es muy posible que al tren del bitcóin le importe un bledo si subimos o no. Mientras, leemos artículos variados, para hacernos una idea de sus contradicciones: Sin libertad monetaria no hay libertades civiles, dicen los defensores; Por qué el bitcóin es una peligrosa herramienta de opresión política y económica, argumentan los detractores.

domingo, 1 de diciembre de 2013

El gran diseño. Más allá de la polémica


En el libro de Stephen Hawking coescrito con Leonard Mlodinow El gran diseño (2010), sobre la llamada teoría M, se argumenta desde un punto de vista científico la no necesidad de Dios. Esto fue lo que generó tanto la polémica como el gran volumen de ventas del texto. Sin embargo, para un lector racionalista, acostumbrado a la ciencia y a la filosofía en su estado posterior al mito primitivo, es decir, a la evidencia de la inexistencia de los dioses y los ectoplasmas, hay un aspecto mucho más interesante en el libro citado.

Se trata de que, como explican los autores, nuestro estado actual de conocimientos nos lleva a afirmar que todos los fenómenos físicos (es decir, todos los fenómenos) son susceptibles de llevar al campo de las matemáticas, estableciendo mediante fórmulas lo que se han dado en llamar leyes de la naturaleza.

Estas fórmulas se han ido consolidando y aumentando a medida que avanza la ciencia, y se han demostrado útiles para predecir los comportamientos de la materia, desde el átomo hasta las galaxias.

Y aquí viene lo que considero más relevante: dado que el ser humano está compuesto de elementos químicos que interactúan entre sí, y su comportamiento viene dado por las interacciones que se producen en el interior de nuestro cerebro, si fuésemos capaces de procesar la ingente cantidad de datos objetivos con los que opera la mente, podríamos predecir matemáticamente todas nuestras reacciones, desde el momento de nuestro nacimiento hasta nuestra muerte.

Así pues, el desarrollo de cada una de nuestras vidas no es más que el resultado de la combinación de una serie muy extensa de fórmulas matemáticas, leyes físicas a las que respondemos como cualquier otro conjunto de átomos: un vaso de agua en el congelador, una pizca de sal lanzada al viento o un sistema planetario más allá de Orión.

En el mismo texto se plantea que lo que llamamos libre albedrío no es más que nuestra reducida forma de darle nombre a unas reacciones que no somos capaces de predecir por el simple hecho de que son demasiadas ecuaciones para nuestra capacidad aritmética. Del mismo modo, las leyes de Newton son aplicables a los objetos macroscópicos, convirtiéndose así históricamente en un caso concreto de las leyes de Einstein, que abarcan también los objetos diminutos.

La libertad, como siempre intuyeron los poetas, no es más que un fantasma, una manera simple de explicar lo complejo. Y en nuestro entorno, el de la sociedad humana, un valor que tiene sentido. Pero creo que es muy interesante que no perdamos de vista que sólo se trata de un concepto práctico, igual que la vieja costumbre de separar alma y cuerpo para entender mejor las emociones que nacen de las sinapsis neuronales. Para quedarnos más tranquilos.
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